“ISIS”, “CALIFATO ISLAMICO”, “EI”, “AL QAEDA”, ETC: ¿CUÁLES SON SUS RAÍCES?

Por: Rosinda Etchegoyen (h.)
Mucho se habla de los grupos terroristas del título considerándoselos “musulmanes”. Más aún, desde distintas posiciones son presentados como “la esencia del Islam”: consideraciones hechas por personas con una definida mala intención o poco informadas que no ven más allá de la superficie de las cosas.
Otros han hecho análisis más profundos, más documentados y llegaron a conclusiones o planteos enjundiosos. Entre ellos se encuentran analistas muy conocidos, como Noam Chomsky, James Petras, distintos colaboradores de Global Research, T. Meyssan, etc. Así y todo, por lo que sé, ninguno ha determinado quién o quiénes son los progenitores ideológicos de esos aparatos terroristas.

Entiendo que para buscar la raíz ideológico-política de los mismos, hay que excavar en donde se originan: es decir, en la historia del Islam. Y con esto no quiero decir, como lo hace más de un islamófobo, que el terrorismo, la violación, el secuestro, el robo, etc, sean cosas consustanciales al Islam, que el Islam en sí mismo sea la raíz del mal.
Hay investigadores que tratan y explicitan lo que se presenta más notorio, identificando rápidamente a sus promotores: EEUU, Unión Europea, Turquía, Jordania, Israel, monarquías árabes.
Si analizamos las manifestaciones más violentas en la historia contemporánea, veremos que los denominados “extremistas” por los imperios –los pueblos sojuzgados, esclavizados y superexplotados– por lo general no cometieron el tipo de atrocidades de ISIS, al Qaeda y otros. Pero los imperialistas occidentales sí encomendaban ese tipo de “trabajo” a personas disfrazadas de “extremistas”. El ejemplo más notable es el “Jemer Rouge” en Camboya (en cuatro años –1975 a 1979– asesinaron alrededor de dos millones y medio de personas, reduciendo la población total en un tercio), a quien los imperialistas occidentales le encargaron esa tarea, la cual hicieron disfrazados de “maoístas”. Ahora encomiendan ese tipo de tarea al ISIS, CI, al Qaeda, etc, bajo la bandera o disfraz del Islam. En otras palabras, recurrieron y recurren a operaciones de bandera falsa, con las variaciones del caso [Se denominan operaciones de Bandera Falsa aquellos atentados o sucesos provocados por, normalmente, operaciones clandestinas y secretas de los propios gobiernos que los sufren, y achacados a terceros para poder crear así excusas y situaciones que permitan ofrecer la solución que aquellos auto-atacados deseaban imponer. Ejemplos de atentados de bandera falsa son (y para demostrar esto cada vez hay más documentación y más datos fiables) el atentado del 11 de Septiembre en las Torres Gemelas, el del metro y bus de Londres, el 11 – M en Madrid, los de Mumbai en la India, las bombas en las embajadas americanas en África hace unos años, etc, etc].  Para saber entonces si lo que hacen ahora estos terroristas es por “encargo” o no, exploremos el acontecer a partir de distintos interrogantes.
PRIMERA CUESTION. ¿Por qué estos grupos cometen actos tan repudiables en nombre del Islam, sabiendo que ello implica ganarse la gran antipatía y repudio de la gente? Además, ¿son los primeros en la época moderna que actúan así? En cuanto a la primera pregunta, la más mínima lógica dice que con acciones de ese tipo lo único que se logra es el rechazo de prácticamente todo el mundo. Por lo tanto, está claro que no lo hacen para caer “simpáticos” sino todo lo contrario. Pero la antipatía no recae sobre los perpetradores individuales de los atentados sino que conduce a repudiar el Islam ¡Bingo! Este es uno de los principales motivos por el que se cometen las atrocidades, independientemente de la conciencia que tengan o no de ello quienes las ejecutan. En lo que hace a la segunda pregunta, la respuesta es no. Me explico. En el origen del actual terrorismo “islámico” están los británicos, al momento de impulsar el salafismo para destruir lo que quedaba del Imperio Otomano, a principios del siglo XX. Es decir, los británicos crearon grupos terroristas, como ISIS y otros, para que ataquen y exterminen a los otomanos. Pero entonces, los alemanes, opuesto a los ingleses, se dieron a la tarea de crear otras organizaciones terroristas entre los musulmanes del lado otomano para que ataquen a los ingleses y exterminen en la zona a todos aquellos que no sean alemanes. Es decir, siempre fueron los imperialistas del momento los que usando a las masas ignorantes de su religión promovieron el terrorismo, del cual luego se muestran “espantados” o lo catalogan de “horrible”.

SEGUNDA CUESTION. ¿Son musulmanes los que cometen esos actos? En verdad, son tan musulmanes como cristianos eran los que llevaron adelante las Cruzadas. Son tan musulmanes como cristianos eran los yanquis genocidas en Vietnam o los que tiraron las bombas atómicas sobre Japón. Son tan musulmanes como cristianas eran las milicias de la “Falange Libanesa” que, entre otras cosas, cometieron el genocidio de Sabra y Chatila. Son tan musulmanes como cristianos eran los capellanes militares que “impulsaban” a la lucha en uno y otro lado a los soldados occidentales en nombre de “Dios y la libertad”, pero en realidad para beneficio del capitalismo salvaje: en China, en Africa, en Vietnam cuando los franceses, en Vietnam cuando los yanquis, en Laos, en distintos puntos de Hispanoamérica. ¡Bingo! Por aquí pasa la cosa. Verdaderos degenerados y simuladores, que no tienen nada de cristianos ni de musulmanes, han usado y usan a millones de ingenuos-ignorantes de su religión para sus fines absolutamente materialistas.

TERCERA CUESTION. ¿A quiénes defienden o favorecen con sus actos terroristas los del ISIS, al Qaeda, etc. y por qué? Hoy día, por medio de decenas de análisis, ya no queda ninguna duda que todos esos grupos terroristas están reclutados, formados, armados, entrenados y llevados a la acción criminal por el Gran Eje del Mal actual, es decir, EEUU-Unión Europea. Los demás gobiernos que apoyan a los terroristas no podrían hacerlo sin el consentimiento y provisión de armamentos por parte del Eje del Mal actual. O sea, esos grupos terroristas están fabricados para defender y favorecer a quienes los nutren y organizan. De ahí que jamás vemos que consideren “enemigos” a las monarquías de la península arábiga, a Israel, a Jordania, a Europa, a Turquía, a los EEUU, más allá de palabras o acciones esporádicas contra algunos de ellos. En cuanto al porqué, la respuesta es tan vieja como la historia de la humanidad. Ya Atila arrojaba sal sobre las tierras conquistadas para que los pueblos de esas zonas nunca más se recuperaran y permanecieran en inferioridad de condiciones, de modo que se los pudiera tener siempre sometidos. ¡Bingo! Los actuales grupos terroristas “islámicos” fueron creados por el Eje del Mal actual con el objeto de destruir la infraestructura de las regiones sobre las que los hacen actuar, como una forma de apoderarse de sus bienes materiales o desestabilizarlos y mantenerlos siempre en inferioridad de condiciones. Es lo que vemos en los sucesos de Libia, Siria, Irak, Chechenia (para afectar a Rusia), Sin Kiang (para afectar a China). Y no solo buscan destruir la infraestructura sino también el tejido social, de manera que la educación, la sanidad, la provisión normal de todo tipo de insumos y la estructura orgánica del país en cuestión sean hechas añicos, porque eso aporta más al sometimiento del agredido. Es lo que hizo Francia con España al invadirla en época de Napoleón. Por ejemplo, el gobierno sirio ya advirtió que el terrorismo llevado adelante por el ISIS y otras bandas criminales, por encargo de EEUU-Unión Europea, hizo retroceder al país unos 25 años.

CUARTA CUESTION. ¿Cómo es posible que los terroristas “musulmanes” recluten tanta gente? Según estimaciones, la cantidad de asesinos con que cuentan van de 30 mil a 300 mil, entre los que están en actividad, entrenando y reclutándose en distintas partes del mundo. Aunque la población musulmana mundial es de unos mil quinientos millones de habitantes, la cantidad de terroristas no es pequeña. Y ello tiene distintas explicaciones. T. Meyssan hace un análisis en la materia y explica los métodos psicológicos que utilizan diferentes instituciones al efecto y con los cuales consiguen someter a sus mandatos a la gente que captan. Asimismo, es evidente que los organizadores del terrorismo consiguen arrimar bastantes brazos armados con la misma metodología usada por los ejércitos privados norteamericanos, europeos o latinoamericanos, es decir, organizaciones militares mercenarias para cumplir tareas de las que los países que los usan no quieren responsabilizarse. Es interesante tener en cuenta cuáles son algunos de los principales ejércitos privados y en dónde actuaron y actúan:

a) “Academi” (anteriormente conocida bajo los nombres Xe Services LLC, Blackwater USA y Blackwater Worldwide, comprada luego por Monsanto, según http://blog.susanaromeroweb.com/?p=10119) con miles de hombres en Afganistán, Irak, etc. En algunos lugares luego se les prohibió la entrada;
b) “G4S” con más de 620 mil hombres, lo que lo constituye en la banda privada más grande del mundo, con cabecera ahora en Gran Bretaña;
c) “Defion Internacional” con sede en Perú y oficinas en el mundo árabe. Estos se dedicaron también a entrenar al personal de otra compañía militar privada llamada “Triple Canopy” y enviaron unos 3 mil “combatientes” a la guerra de Irak;
d) etc., etc.
Según “Russia Today”, en el primer decenio de este siglo el mercado de ejércitos privados pasó a mover más de cien mil millones de dólares. ¡Bingo! Este es uno de los principales motivos de la cantidad de terroristas captados. Es decir, el ISIS y sus iguales son mercenarios. Si menciono los ejércitos privados es para que quede muy claro y patente quienes promovieron la materialización de ISIS, al Qaeda y demás grupos terroristas: sus patrones, los que los contratan y les pagan. Como corolario de este punto cuarto hay algo que se presenta de manera destacable: ¿de dónde salen los cientos de millones de dólares-euros para semejante movida en la zona del Medio Oriente? Distintos análisis (por ejemplo, “Global Research”) lo han mencionado una y otra vez: de las monarquías árabes del golfo o península arábiga, en una cantidad que alcanzaría los dos mil millones de dólares anuales.

QUINTA CUESTION. ¿Cuál es la matriz ideológico-política de esos grupos terroristas que dicen adherir al Islam y se autoproclaman “musulmanes”?. Esto es lo que, según mi entender, aún no ha sido abordado con la profundidad que se merece. Y entiendo que solo esclareciendo esto podremos determinar con exactitud las raíces de esas estructuras. Dicho en otras palabras, si realmente responden o no a la matriz islámica.  Para ello me basaré en un estudio cuyo punto de partida lo ubicamos en el momento en que miembros de la comunidad árabe asesinan al jefe del gobierno islámico de entonces, que era Ali ibn Abu Talib (600-661C).

Luego del asesinato de Ali, se evidenció que la mayoría de las principales figuras árabes y sus seguidores se habían proclamado musulmanes casi exclusivamente para mantener sus posesiones materiales y dominio tribal. Seguramente esos hipócritas pensaron que “muerto el perro se acababa la rabia” y entonces, ya de manera desembozada, se ocuparon de imponer nuevamente sus ideas y costumbres, que eran las que los habían llevado a enfrentar el Islam e incluso intentar matar al Profeta Muhammad. De parte de la población de a pie hubo una resistencia pasiva, pues sabían de antemano lo que sería volver a épocas anteriores. Pero esa resistencia fue aplastada por dos medios principales: a) la fuerza bruta criminal y despiadada; b) la deformación de una y mil maneras del Islam y las enseñanzas del Profeta Muhammad. Cito: «La gente (de Arabia) no estuvo de acuerdo en dar el juramento de obediencia a (un nuevo tirano). Entonces (el jefe de los hipócritas) la amenazó diciéndole: “Juro por Dios que si alguien pronuncia aquí, aunque más no sea, una palabra en mi contra, SERÁ DECAPITADA antes que pronuncie la segunda palabra…”. Destinó dos observadores para cada persona en Arabia y dijo al jefe de la policía: “Debería separarse la cabeza del cuerpo de cualquiera de estas personas que abra los labios para refutar o afirmar (cualquier cosa)”» (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). Y eso fue lo que pasó. Miles de creyentes sinceros fueron asesinados.

Los viejos amos que habían retomado el poder, modificaron las esencias y prácticas principales desarrolladas con el gobierno de Ali. Entre otras cosas, se apoderaron del tesoro público para distribuirlo entre ellos y sus socios y destruyeron el sistema de justicia. Un pequeño grupo de la población se volvió extremadamente rico y la gran mayoría quedó en la pobreza extrema, como antes.  Aunque el Corán pulverizó los criterios de superioridad de unos sobre otros por razones de grupos, clanes, tribus, etc., después del asesinato de Ali los Omeyas reclamaron su superioridad sobre los demás (como ahora lo hacen ISIS, CI, al Qaeda, etc). El racismo y la discriminación, eliminados por el Corán, fueron nuevamente levantados como estandartes por parte de los Omeyas. El Profeta Muhammad ya había advertido que sus seguidores encontrarían la destrucción en manos de los árabes hipócritas, pues veía que estos solo participaban del Islam para salvaguardar su supremacía y autoridad, en tanto que por otra parte capitulaban y exhibían su falsedad.

Mientras que los seguidores de Ali eran virtuosos y nobles, ejemplos de piedad y de pureza, los Omeyas (es decir, los antecesores de los que luego organizarían el ISIS, CI, al Qaeda, etc.) eran exactamente lo opuesto. Los actos aborrecibles que cometían (robo, saqueo, matanzas, injusticias de todo tipo, violaciones, decapitaciones, etc) eran cosas producto de sus creencias, conceptos y prácticas ancestrales, antiislámicas. Los Omeyas abrazaron el Islam solo de manera hipócrita con el único objetivo de mantener su riqueza y poder. Jamás tuvieron en cuenta ni les importó que el Islam entrañase una profundidad espiritual de un nivel sublime, con objetivos y propuestas extraordinarias por su humanismo, pues lo que a ellos les interesaba se ubicaba en el estrecho marco de la vanagloria, lo mundanal y lujurioso. Jamás vieron el Islam como una revelación de Dios sino, solamente, como una gran empresa para la obtención del poder político-económico. Y cuando llegó el momento en que retomaron al manejo de su sociedad, asesinatos y depravación de por medio, decidieron regresar, en lo institucional, a la época anterior, es decir, a la monarquía corrupta y corruptora. De esa manera contrariaron, de la “a” a la “z”, todas las enseñanzas coránicas.

Con la monarquía ya instalada, los Omeyas volvieron a aplicar todos los criterios denunciados por el Islam a través del Profeta Muhammad y sus seguidores. El cambio fue catastrófico. La gente pasó a ser tratada mil veces peor que los animales y los amigos del poder pasaron a cometer todo tipo de ilícitos: parcialidades, violaciones y saqueos, con un trasfondo de lujuria, libertinaje e infamias desenfrenadas. Se restableció, de hecho, la esclavitud y el trabajo forzado. Y las pocas veces que se mostraban “compasivos” era solamente como táctica para el logro de mayor poder. La verdadera naturaleza de los Omeyas de aquella época –y de ISIS, CI, al Qaeda, etc. de hoy día–, se nutre en la impudicia. Un ejemplo de ello lo tenemos en las órdenes y criterios de sus gobernantes a los jefes de su tropas enviados a atacar pueblos sin ninguna razón honesta. Cito uno de esos criterios al mandar a uno de los suyos a asolar pueblos de Irak: «Estos ataques horrorizarán al pueblo de Irak, al punto que los que nos apoyan de entre ellos se sentirán felices. Invita a la gente a que nos siga y a los que no estén de acuerdo pásalos a espada. Desvalija toda aldea a la que arribes. Arrebata todos los bienes que puedas con tus propias manos. El saqueo de los bienes es como el asesinato, incluso más desgarrador». (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). El autor señala muy bien, en este sentido, respecto a los jefes Omeyas: «La duplicidad e hipocresía que (practicaban) era 100% maquiavélica. El asesinato, el saqueo y el terrorismo constituían la guía básica de su accionar, lo que condimentaban con amenazas y promesas atractivas. También formaba parte de sus “artes políticas” matar a personas buenas e inocentes, tener en estima a maleantes y vagabundos, mantener una propaganda mentirosa y buscar el apoyo de personas crueles y sin (buen) carácter» (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). ¡Todo parecido con el ISIS, CI, al Qaeda, etc., NO ES CASUALIDAD: los actuales grupos terroristas son la descendencia directa ideológico-política de los Omeyas asesinos de Ali y sus seguidores, son la descendencia del antiislam!

Para entender mejor esto veamos los criterios y consignas de Ali y sus seguidores y los de sus oponentes Omeyas.

«Las divisas de Ali eran: “No engañaré a nadie ni con nadie cometeré un acto innoble o indecoroso”. “Quiere para otros lo que quieres para ti”. “No quieras para otros lo que no quieres para ti”. “No oprimas a otros ya que no te gustaría que otros te opriman a ti”. “Aunque veas el maltrato ejercido por tu hermano, deberías ser lo suficientemente competente para hacerle el bien a él”» (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac).

Los Omeyas, en cambio, decían: «“El ejército de Dios está en la miel”. Por “miel” daban a entender ese producto envenenado del que se valían normalmente para deshacerse de los enemigos con el objeto de que el camino de su liderazgo quedara libre de obstáculos. Por supuesto, consideraban “enemigo” a toda persona buena y piadosa que se interpusiese en el logro de los objetivos ruines y viles que perseguían. Eliminaban a cualquiera que pudiera convertirse en un obstáculo para alcanzar lo que deseaban, aunque fuese virtuoso y compasivo» (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). Y, por supuesto, digo yo, por “Dios” daban a entender “Satanás”.

Con el paso del tiempo aumentaron las calamidades y la gente fue obligada a poner a disposición de los gobernantes tanto sus recursos económicos como sus vidas. La humillación, la opresión, el maltrato y el asesinato era moneda corriente, ensañándose con los no musulmanes, ¡igual que ISIS, CI, al Qaeda, etc! Se robaban todas las riquezas de las zonas ocupadas, de la misma manera que hoy día el CI roba el petróleo de Siria e Irak. Los Omeyas tiraron abajo el sistema de justicia construido por Ali siguiendo las normas de Dios y lo reemplazaron por otro en el que pasaron a reinar la arbitrariedad, la prepotencia, el acomodo, la malicia, el robo institucionalizado, las violaciones de todo tipo, etc. ¡Y como si fuese poco, decían que todo eso lo hacían en nombre de Dios! Exactamente como lo hace el ISIS, el CI y sus iguales hoy día.

Mientras que la actitud de Ali y sus seguidores siempre fue la de combatir la injusticia y la opresión, los Omeyas, por el contrario, siempre favorecieron a las personas crueles y ruines, a las que instigaban a que siguiesen cometiendo todo tipo de delitos. Es cierto que si bien los primeros tenían el atributo de la magnanimidad, firmes en sus conceptos y resueltos al momento de promoverlos, eran pocos en número. El otro bando, es decir, el de los Omeyas, por el contrario, era muy numeroso, reunía todo tipo de lacra social antirreligiosa e inhumana y se apoyaba en gente ignorante, pasiva o miedosa. Si esto no se dice claramente, nunca se va a poder entender qué es lo que pasó y pasa con el Islam. Esa gente representaba la mayoría del llamado mundo musulmán de entonces, aunque de musulmana tenía solo el nombre si es que por musulmana o islámica damos a entender a los seguidores del Profeta Muhammad. Los líderes Omeyas tenían la particularidad de poseer la criminalidad como parte de su ser, de la misma manera que ocurre con los terroristas actuales: personas más despiadadas y crueles que cualquier animal feroz, no dudaban ni por un instante en despedazar los cuerpos de vivos y muertos, asesinar niños arrebatados de los brazos de sus madres y atormentar a mujeres indefensas. En sus expediciones (tipo OTAN en Libia o tipo ISIS, CI y otros en Siria e Irak) sembraban la muerte por donde pasaban. Uno de esos expedicionarios de los años 600 C. llamado Busr, llegó a la ciudad de Najran (Yemen) y habló a la gente así: “¡Oh cristianos! ¡Oh hermanos de los monos! Si se me informa de cualquier acto vuestro que me disguste, les daré tal trato que vuestra raza desparecerá, los campos serán destruidos y las casas quedarán desoladas” (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac).

Comparemos esas palabras del genocida omeya que decía actuar de acuerdo al Islam, con lo que era el verdadero Islam, es decir, el traído por el Profeta Muhammad. Para esa comparación, veamos el pacto que hace el Profeta del Islam, precisamente, con los cristianos de Najran, pueblo al que el omeya prometió barrer del mapa, pasándose por los pies el pacto que el Profeta Muhammad había acordado con dicha comunidad seguidora de Jesús.

Texto del Pacto del Profeta Muhammad con los Cristianos de Najran
[Por el Profeta Muhammad][Traducido por John Andrew Morrow en 2013]

[Traducción del inglés al castellano por Héctor Manzolillo – 2014]

[Exordium]

En el Nombre de Allah, el Más Compasivo, el Más Misericordioso.

Un pacto de protección concedido por Allah y Su Mensajero a la Gente del Libro, los cristianos, quienes pertenecen a la religión de Najran o a cualquier otro grupo cristiano.

Ha sido escrito por Muhammad, el Mensajero de Allah para toda la humanidad, en carácter de garantía de protección por parte de Allah y Su Mensajero y resulta vinculante para todos los musulmanes que vendrán después de él, quienes tendrán que ser conscientes del mismo, reconocer su autenticidad, creer en él y resguardarlo.

Todos los hombres tienen prohibido, aunque sean gobernadores u otras autoridades, revocarlo o no cumplirlo.

Los creyentes no deben cargar (a los cristianos) con otras condiciones que las incluidas en este documento.

Quien lo preserve, lo respete y acate sus dictados, habrá cumplido con sus obligaciones y adherirá al pacto del Mensajero de Allah.

Pero quien lo viole, se oponga o lo modifique, acarreará el delito sobre su cabeza porque habrá traicionado el Pacto de Allah, estropeado su fe, resistido Su Autoridad y contravenido la voluntad de Su Mensajero. De ese modo, será un impostor a los ojos de Allah. Porque la protección es obligatoria en la religión de Allah y el pacto la confirmó. El que no respete este pacto habrá violado sus obligaciones sagradas. Y quien viola sus obligaciones sagradas es un incrédulo y será rechazado por Allah y por todos los creyentes sinceros.

La razón por la que los cristianos fueron encontrados merecedores de este pacto de protección de Allah, de Su Mensajero y de los creyentes, es que se trata de un derecho que ellos han ganado y se establece en su favor por medio de los hombres de esta Religión, lo cual obliga a cada musulmán a respetarlo, defenderlo, conservarlo, protegerlo a perpetuidad y vivir en conformidad con el mismo.

En verdad, quienes siguieron las religiones antiguas y los Libros antiguos, expresaron hostilidad hacia Allah y Su Mensajero y los aborrecieron negando la misión del Profeta, que Allah, el Más Elevado, ha proclamado con toda claridad en Su Libro. Esto demuestra la perversidad de sus pechos, la ruindad de sus intenciones y la dureza de sus corazones. Prepararon por sí mismos la pesada carga del crimen al que apuntaban mientras ocultaban lo que Allah quería imponer sobre ellos por medio de proclamarlo en vez de esconderlo y testificarlo en vez de negarlo.

Esta gente se opuso a la obligación que les fue impuesta, no la observaron como debían hacerlo, no siguieron el sendero marcado con toda claridad y sólo coincidieron en exhibir su hostilidad hacia Allah y Su Mensajero, en atacarlos y en persuadir a la gente por medio de imposturas y argumentos falsos que Allah no podía haber enviado (al Mensajero) para proclamar, predicar y convocar a Allah, con Su Permiso, para ser una lámpara de luz y prometer el Paraíso a quienes le obedeciesen y advertir con el fuego a quienes lo desobedeciesen.

Excedieron los límites de la oposición al incitar a otros a hacer lo que ellos mismos nunca se hubiesen atrevido a llevar a cabo: negar su revelación, rechazar su misión y buscar, a través de la malicia, hacerlo rendirse ante el peligro latente.

Apuntaron al Profeta de Allah y decidieron matarlo. Reforzaron el Partido de los Politeístas de la tribu de Quraish y de otras con el objeto de combatirlo, discutir su doctrina, forzarlo a retroceder y contradecirlo.

Por esa razón, merecen ser privados de la Alianza de Allah y de Su Protección. Es bien conocido su comportamiento durante los días de Hunayn, las batallas contra los Bani Qaynuqah, la tribu de Qurayzah y Nadir. Sus líderes prestaron apoyo a los habitantes de Meca, los enemigos de Allah, contra el Mensajero de Allah, y los respaldaron por medio de tropas y armas contra el Profeta, por odio a los creyentes.

Los cristianos, por el contrario, rechazaron promover la guerra contra Allah y Su Mensajero, en tanto que su declaración de cariño por los seguidores de esta fe y su afecto eran sinceros.

Entre otras palabras de alabanza que Allah ha derramado sobre ellos en Su Libro y Sus Revelaciones….., Y sin duda hallarás que los que muestran más afecto hacia los creyentes son aquellos que dicen: “Somos cristianos”. La razón de ello es porque entre ellos hay ermitaños y monjes que no son arrogantes. Cuando oyen lo que se le ha hecho descender al mensajero, ves sus ojos bañados en lágrimas porque conocen parte de su verdad. Y dicen: “¡Señor nuestro! Creemos en lo que ha bajado escrito y testimoniamos (la verdad). ¿Por qué no íbamos a creer en Dios y en la verdad que nos ha llegado? Y deseamos fervientemente que nuestro Señor nos haga entrar en compañía de los rectos” (Corán, 5:82-84).

De hecho, algunos cristianos dignos de confianza y que conocían la religión divina, nos ayudaron a proclamar esta religión y procedieron a ayudar a Allah y a Su Mensajero, predicando a los hombres según Su Voluntad y ayudándole a cumplir su misión.

El Sayyid ‘Absiso, Ibn Hijrah, Ibrahim, el monje, e ‘Isa, el Obispo, vinieron a verme, acompañados de cuarenta jinetes de Najran junto con otros que, como ellos, profesan la religión cristiana en las tierras de Arabia así como en tierras extranjeras. Yo les informé de mi misión y les pedí que ayuden a reforzarla, a proclamarla y asistirla.

Y puesto que la causa de Allah les parecía evidente, no volvieron sobre sus pasos ni volvieron sus espaldas. Por el contrario, se nos acercaron, permanecieron firmes, fueron condescendientes, nos asistieron, nos aceptaron, hicieron promesas generosas, nos dieron buenos consejos y nos aseguraron por medio de juramentos y pactos que apoyarían la verdad que traje y que repelerían a quienes la rechazasen o la contradijesen.

Después de reunirse con sus correligionarios, no rompieron su alianza ni cambiaron su opinión….

Todos los jefes árabes, todos los líderes musulmanes y toda la Gente de la Vocación, de todo el mundo, me enviaron cartas en las que me expresaban el cariño de los cristianos hacia mi causa, su celo para rechazar las incursiones a lo largo de las fronteras fortificadas de sus regiones, su determinación de observar el tratado que les había ofrecido y formalizaron cuando se reunieron conmigo. En verdad, los obispos y los monjes demostraron una lealtad inquebrantable en la adhesión a mi causa y una (gran) dedicación personal para confirmar y apoyar la difusión de mi misión.
….….….….….….….….….….

Los cristianos… respetaron mi alianza. Reconocieron mis derechos. Cumplieron las promesas hechas durante nuestra reunión. Asistieron a mis lugartenientes que había enviado a las fronteras. Se ganaron mi preocupación y mi afecto por el cumplimiento de las obligaciones que había acordado con ellos libremente, en nombre de todos los musulmanes expandidos por el Este y el Oeste. Se ganaron mi protección durante mi vida y después de mi muerte, cuando Allah la determine. Siempre y cuando el Islam se expanda y mi verdadera misión y fe crezcan, este pacto será obligatorio para todos los creyentes y musulmanes, mientras el agua llene el fondo del océano, la lluvia caiga desde el cielo, la tierra produzca plantas, las estrellas brillen en el firmamento y el amanecer despunte para el viajero. A nadie se le permite romper este tratado, alterarlo, añadirle algo, eliminarlo. Cualquiera de esas cosas atentan contra mi pacto y las supresiones debilitan mi protección.

Este pacto, que yo deseo otorgar, me compromete. Cualquiera de mi ummah que, después de mí, rompa este Pacto de Allah, Glorificado y Exaltado sea, la Prueba de Allah se levantará contra él y Allah es suficiente como Testigo.

Lo que me impulsa a actuar de esta manera es que tres personas (de Seyyid Ghassani) me pidieron un documento que sirviese de salvoconducto, un tratado que reconociese la fidelidad a sus promesas hacia los musulmanes, tratado que concluí voluntariamente con ellos.

Quise que los detalles de la alianza sean ratificados por los ojos de quien va por mi camino en todas las regiones árabes, que yo y los de mi vocación no nos sintamos responsables por esos que se denominan cristianos y siguen a cualquiera de las distintas denominaciones cristianas (es decir, el Profeta deja en claro que no se mete para nada en las disputas intercristianas) y que este tratado sea inviolable, solemne y obligatorio para todos los musulmanes y creyentes.

Por lo tanto, llamé a los líderes de los musulmanes y a mis principales Compañeros. Y colocándome como garante de la demanda de los cristianos, preparé este documento, que los musulmanes, detenten o no el poder, están obligados a conservar de generación en generación.

(Así debe ser) para llevar a cabo mis órdenes con el objeto de cumplir con la obligación de lealtad y respeto hacia aquellos que solicitaron este pacto de mí y para ser fiel a las obligaciones que he acordado, de modo que no se les reproche haberme desobedecido.

También la gente debe abstenerse de lastimarlos y acatar el pacto que hice con ellos para que puedan entrar por las puertas de la fidelidad conmigo y contribuir al bien que he hecho para aquellos que lo han ganado por haber apoyado mi misión y enfurecido a los negadores y a los escépticos.

Para que no haya prueba o argumentos de parte de quienes son objeto de este pacto (es decir, los cristianos) frente a los partidarios del Islam, en caso de que estos últimos (es decir, los musulmanes) actúen de manera contraria a este documento por falta de reconocer los derechos que han ganado y que merecen obtener (los cristianos).

Por último, este pacto les recuerda [a los creyentes] que sean benévolos, fomenta la buena voluntad, ordena la caridad, desalienta el mal y marca el sendero de la sinceridad y el camino que conduce a la justicia, Allah mediante.

[Texto del Pacto]

En el Nombre de Allah, el Más Compasivo, el Más Misericordioso

Este documento ha sido proporcionado por Muhammad ibn ‘Abd Allah ‘ibn Abd al-Muttalib, el Mensajero de Allah para toda la humanidad, quien fue enviado a predicar y advertir y a quien se le ha confiado el Fideicomiso de Allah entre Sus Criaturas de modo que los seres humanos no tuviesen ningún pretexto ante Allah, Poderoso y Sabio, luego (de la venida de) sus mensajeros y (su) manifestación.

Para Sayyid Ibn Harith ibn Ka’b, sus correligionarios y todos aquellos que profesan la religión cristiana, estén al Este o al Oeste, en regiones cercanas o distantes, sean árabes o extranjeros, conocidos o desconocidos.

Este documento constituye un contrato autorizado, un auténtico certificado establecido sobre la base del acuerdo y de la justicia, así como un pacto inviolable.

Quien se rige por este edicto, demuestra su apego al Islam, será digno de lo mejor que el Islam tiene para ofrecer. Por el contrario, cualquier hombre que lo destruya, rompa el pacto que contiene, lo altere o desobedezca mis mandamientos, habrá violado el pacto de Dios, infringido su alianza y desdeñado su tratado. Merece Su maldición, sea una autoridad soberana o cualquier otro.

Me comprometo a una alianza con ellos en nombre de Allah y los pongo bajo la salvaguardia de Sus Profetas, Su Elegido, Sus Santos, los musulmanes y los creyentes, el primero de ellos y el último de ellos. Tal es mi alianza y pacto con ellos.

Proclamo, una vez más, las obligaciones que Allah impuso obedecer a los Hijos de Israel: seguir Su Ley y respetar Su Alianza Divina. Por la presente declaro que mis jinetes, mis soldados de a pie, mis ejércitos, mis recursos y mis partidarios musulmanes protegerán a los cristianos por más lejos que se encuentren, habiten las tierras que bordean mi estado o habiten otras regiones, cerca o lejos, en tiempos de paz como en tiempos de guerra.

Me comprometo a apoyarlos, a colocar sus personas bajo mi protección, como así también sus iglesias, capillas, oratorios, los monasterios de los monjes, las residencias de los anacoretas donde sea que se encuentren, en las montañas o en los valles, en las cuevas o en regiones habitadas, en las llanuras o en el desierto.

Voy a proteger su religión y su Iglesia dondequiera que se encuentren, en la tierra o en el mar, en el Oeste o en el Este, con la mayor vigilancia por mi parte, por parte de la Gente de mi Casa y de los musulmanes como un todo.

Los pongo bajo mi protección, hago un pacto con ellos, me comprometo a protegerlos de cualquier daño o perjuicio, a eximirlos de cualquier pedido u obligación onerosa y ampararlos, yo, mis asistentes, mis seguidores y mi nación, contra todos los enemigos que se dirijan contra ellos y en mi contra.

Por tener autoridad sobre ellos debo gobernarlos, protegerlos de los daños y garantizar que no les ocurra nada que no me ocurra a mí y a mis Compañeros quienes, junto a mí, defienden la causa del Islam.

Prohíbo que los conquistadores de la fe gobiernen sobre ellos durante sus invasiones o les obliguen a pagar impuestos, a menos que lo consientan voluntariamente. Un cristiano jamás debería ser sometido a la tiranía o la opresión en esto.

No se permite remover a un obispo de su obispado, a un monje de su vida monástica o a un anacoreta de su vocación de ermitaño. Tampoco está permitido destruir cualquier parte de sus iglesias, tomar parte de sus edificios para construir mezquitas o casas de musulmanes. Quien haga tal cosa, habrá violado el Pacto de Dios, desobedecido a Su Mensajero y se habrá separado de la Alianza Divina.

No se permite imponer capitación o cualquier tipo de impuesto sobre los monjes, los obispos o cualquiera de aquellos que, por su devoción, usen ropa de lana o vivan solos en las montañas o en otras regiones deshabitadas.

Todos los demás cristianos que no sean clérigos, monjes o ermitaños, deberán pagar un máximo de cuatro dirhams por año. O proporcionarán un conjunto de materiales en bruto o un Turbante bordado de Yemen. Esto es para ayudar a los musulmanes y para contribuir al crecimiento de la Hacienda Pública. Si se tratase de ropa difícil de conseguir, deberán proveer algo equivalente en precio, si están de acuerdo, voluntariamente.

La capitación de los cristianos que tengan ingresos; que posean tierras; que se dediquen significativamente al comercio por tierra o por mar; que sean ricos y exploten minas de piedras preciosas, no deberá superar, en conjunto, doce dirhams por año, mientras sean habitantes y residentes de estos países.

A los viajeros que no sean residentes del país o cuya residencia se desconozca, no se les podrá exigir nada de lo antes señalado.

El impuesto a la tierra y la capitación se aplicarán solamente a los propietarios de tierras y a los ocupantes de propiedades heredadas sobre las que tiene derecho el gobernante. Pagarán como lo hacen otros, sin que la carga exceda injustamente su capacidad de desembolso. En cuanto a la fuerza laboral que los dueños utilizan para cultivar esas tierras, hacerlas fértiles y cosechar, no debe gravarse excesivamente. Que paguen de la misma manera que se impuso a otros contribuyentes.

Los hombres que pertenecen a nuestra alianza no estarán obligados a ir a la guerra con los musulmanes para combatir a sus enemigos, atacarlos y capturarlos. En efecto, los miembros de la alianza no participarán en la guerra. Es precisamente para que no estén obligados a eso, que se les concede este pacto, a la vez que se les asegura la ayuda y protección por parte de los musulmanes. Ningún cristiano puede ser obligado a ayudar al equipamiento de un musulmán, sea con dinero, armas o caballos, en el caso de una guerra en la cual los creyentes ataquen a sus enemigos, a menos que lo provea por propia voluntad. Quien lo haga y contribuya de manera espontánea, será objeto de alabanza, gratitud y recompensa. Y se mantendrá presente su ayuda.

A ningún cristiano se lo forzará a convertirse en musulmán: No discutáis con aquellos a los que se otorgó el Libro (es decir, el Evangelio) salvo de la mejor manera… (Corán, 29:46). Se los debe cubrir con el ala de la misericordia. (Debemos) repeler cualquier daño que fuese a afectarles donde sea que se encuentren, en cualquier país que estén.

Si un cristiano cometiese un crimen o un delito, los musulmanes deben proporcionarles ayuda, defensa y protección. Deben perdonar sus ofensas y animar a su víctima a reconciliarse con él, instándole a perdonarlo o a recibir a cambio una compensación.

A partir de este pacto que hice con ellos en nombre de Allah para asegurar que el bien que logren los musulmanes también lo logren ellos y que lo malo que toque a los musulmanes también toque a ellos (es decir, que compartan por igual los momentos de alegría y de tristeza), los musulmanes no deben abandonar a los cristianos, descuidarlos, dejarlos sin ayuda y asistencia. En virtud de este pacto, han obtenido derechos inviolables para disfrutar de nuestra protección, ser defendidos contra cualquier violación de sus derechos, por lo que quedan ligados a los musulmanes en la buena y mala fortuna.

Los cristianos no deben ser sometidos a abusos que les hagan sufrir por medio de matrimonios que no desean. Los musulmanes no deben tomar a niñas cristianas en matrimonio contra la voluntad de sus padres ni deben oprimir a sus familias en caso de que rechazaran sus ofertas de compromiso y matrimonio. Los matrimonios no deben tener lugar sin su deseo y acuerdo y sin su consentimiento y aprobación.

Si un musulmán toma a una mujer cristiana como esposa, debe respetar sus creencias cristianas. Ella tendrá libertad de escuchar a sus superiores [a sus clérigos] y seguir el camino de su religión en tanto lo desee. Quien, a pesar de esta orden, obliga a su esposa a actuar contrariando su religión en cualquier aspecto, habrá roto la alianza de Allah y entrará en rebelión abierta contra el pacto de Su Mensajero. Y Allah lo contará entre los impostores.

Si los cristianos se acercan a los musulmanes en búsqueda de ayuda y asistencia para reparar sus iglesias y conventos o para arreglar cuestiones relativas a sus asuntos y su religión, deben ayudarlos y respaldarlos. Sin embargo, no lo deben hacer con el objeto de recibir alguna recompensa. Por el contrario, lo deberían hacer para restaurar esa religión, como ejemplo de fidelidad al pacto del Mensajero de Allah, solo como ofrenda y como un acto meritorio ante Allah y Su Mensajero.

En materia de combate entre ellos y sus enemigos, los musulmanes no emplearán a ningún cristiano como mensajero, explorador, guía o espía o para cualquier otra tarea de la guerra. Quien les obligue a alguna de esas cosas, atentará contra los derechos de Allah, será un rebelde contra Su Mensajero y será expulsado de Su Alianza. Nada le está permitido al musulmán [con respecto a los cristianos] fuera de obedecer estos edictos que Muhammad ibn ‘Abd Allah, el Mensajero de Allah, ha aprobado a favor de la religión de los cristianos.

Este pacto también pone condiciones [a los cristianos] y demando que prometan cumplirlas y satisfacerlas como ordena su religión. (Entre esas demandas), además de otras cosas, está que ninguno de ellos puede actuar contra un musulmán como explorador o espía, de manera abierta o encubierta, a favor de un enemigo en combate. Ninguno de ellos albergará a los enemigos de los musulmanes en sus hogares, desde los cuales podrían esperar el momento para lanzar un ataque. Nunca se permitirá a estos enemigos [de los musulmanes] detenerse en sus regiones, sea en sus aldeas, en sus oratorios, o en cualquier otro lugar perteneciente a sus correligionarios. En la guerra no deberán aportar ayuda alguna a los enemigos de los musulmanes dándoles armas, caballos, hombres o cualquier otra cosa, ni deberán tratarlos bien. Deben acoger durante tres días y tres noches a cualquier musulmán que se detenga entre ellos, con sus animales. Deben ofrecerle, dondequiera que se encuentren y dondequiera que vayan, la misma comida con la que viven ellos mismos. Sin embargo, no están obligados a soportar otras cargas onerosas o molestas.

Si un musulmán necesita esconderse en uno de sus hogares u oratorios, deben concederle hospitalidad, guiarlo, ayudarlo y proporcionarle alimento durante todo el tiempo que esté entre ellos, haciendo todo lo posible para mantenerlo oculto y para impedir que lo encuentre el enemigo, (además de) proveer a todas sus necesidades.

Quien sea que contravenga o altere lo decretado en este edicto, será arrojado fuera de la alianza entre Allah y Su Mensajero.

Acaten todos los tratados y alianzas acordados con los monjes, a lo que me obligo, y todo otro compromiso que cada profeta ha hecho con su nación, para asegurarles la salvaguardia, la protección fiel, (de modo que) les sirva de garantía.

Este documento no debe ser violado o alterado hasta la hora de la Resurrección, Allah mediante.

Este documento, (dictado) por Muhammad ibn ‘Abd Allah, que contiene el pacto que concluyó con los cristianos y que incluye las condiciones impuestas sobre estos, tiene el testimonio de:

‘Atiq ibn Abi Quhafa, ‘Umar ibn al-Khattab, ‘Uthman ibn ‘Affan, ‘Ali ibn Abi Talib, Abu Dharr, Abu al-Darda, Abu Hurayrah, ‘Abd Allah ibn Mas‘ud, al-‘Abbas ibn ‘Abd al-Muttalib, al-Fadl ibn al-‘Abbas, al-Zubayr ibn al-‘Awwam, Talha ibn ‘Ubayd Allah, Sa‘d ibn Mu‘adh, Sa‘d ibn ‘Ubada, Thumama ibn Qays, Zayd ibn Thabit y su hijo ‘Abd Allah, Hurqus ibn Zuhayr, Zayd ibn Arqam, Usamah ibn Zayd, ‘Umar ibn Mazh’un Ammar, Mus’ah ibn al-Zubayr ibn Jubayr, Abu al-Ghalia, ‘Abd Allah ibn ‘Amr ibn al-‘As, Abu Hudhayfa, Ka‘b ibn Malik, Hasan ibn Thabit Ja‘far ibn Abi Talib.

[Escrito por Mu‘awiyyah ibn Abi Sufyan]


Tomado de : http://www.covenantsoftheprophet.com/
Vuelvo a citar aquí algunos párrafos de este pacto, acuerdo o documento con los cristianos de Najran, para subrayar de qué manera los Omeyas de los 600 C. y sus seguidores políticos-ideológicos actuales (ISIS, CI, al Qaeda, etc.) se oponían y oponen a lo determinado y propuesto por el Profeta Muhammad y por el Corán:
Este pacto “resulta vinculante para todos los musulmanes que vendrán después de él (es decir, de Muhammad), quienes tendrán que ser conscientes del mismo, reconocer su autenticidad, creer en él y resguardarlo”. Esto ya fue traicionado por los Omeyas, por los wahhabis o salafistas y por los terroristas actuales.Todos los hombres tienen prohibido, aunque sean gobernadores u otras autoridades, revocarlo o no cumplirlo”. Esto ya fue traicionado por los Omeyas, por los wahhabis o salafistas y por los terroristas actuales.

“La razón por la que los cristianos fueron encontrados merecedores de este pacto de protección de Allah, de Su Mensajero y de los creyentes, es que se trata de un derecho que ellos han ganado y se establece en su favor por medio de los hombres de esta Religión, lo cual obliga a cada musulmán a respetarlo, defenderlo, conservarlo, protegerlo a perpetuidad y vivir en conformidad con el mismo”. Esto ya fue traicionado por los Omeyas, por los wahhabis o salafistas y por los terroristas actuales.

Los cristianos, “Se ganaron mi protección durante mi vida y después de mi muerte”. “Este pacto, que yo deseo otorgar, me compromete. Cualquiera de mi ummah que, después de mí, rompa este Pacto de Allah, Glorificado y Exaltado sea, la Prueba de Allah se levantará contra él y Allah es suficiente como Testigo”. Esto ya fue traicionado por los Omeyas, por los wahhabis o salafistas y por los terroristas actuales.

Ese asesino llamado Busr pasó luego por otras ciudades y fue masacrando a miles de ciudadanos pacíficos. Los historiadores dicen que exterminó a más de 300 mil personas, sin incluir a las que quemó vivas, práctica que también desarrollan los seguidores del llamado Califato “Islamico”.


¿Se enteraron de los desastres y crímenes que cometió el CI hace poco en Mosul (Irak), con la quema de once iglesias y monasterios, la ocupación de cerca de otros veinte y su uso como bases de operación o prisiones y la voladura parcial del convento Sagrado Corazón? Pues bien, allá por los años 600 C. los progenitores y maestros de estos terroristas, es decir, los Omeyas, hacían exactamente lo mismo o cosas peores, contrariando absolutamente lo dictaminado por el Profeta Muhammad. Un Omeya llamado Ziad llegó a la ciudad de Basora (Irak), mató a unos y reprimió a otros por la simple sospecha, sin prueba de nada. Amputaba manos y pies con un golpe de espada, ahorcaba, encarcelaba, saqueaba los recursos bien habidos de la población, los quemaba vivos –exactamente como hizo unas semanas atrás el CI con una pareja de hindúes– y los humillaba de todas las maneras posibles. Esa bestia humana llamada Ziad pronunció un discurso y dijo: «Juro por Dios (¡se imaginan semejante satanás jurando por Dios!) que arrestaré al amo como embargo preventivo por su empleado, a la persona disponible por la que ha huido, al obediente en lugar del desobediente (¡premiaba a los malos y castigaba a los buenos!), al saludable en lugar del inválido, hasta que cada uno de ustedes diga al otro, “Oh fulano, huye porque mengano ha sido asesinado”… destruiré Basora y demoleré las casas. Presten atención. Ninguno de ustedes saldrá de las viviendas durante la noche. El que lo haga será decapitado”» (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). Luego se dedicó a buscar a los seguidores de Ali, a los que cortaba pies y manos o dejaba ciegos o los colgaba de las datileras, al punto que allí no quedó ningún firme defensor de Ali vivo.

Y de tal padre tal hijo, llamado Ubaidullah. Cometió las mismas atrocidades de su padre e incluso fue más allá. Cuenta un relator de aquella época: “Expuso el peor tipo de crueldad y perversidad el día que martirizó a Husein, el hijo de Ali. Incluso después del martirio, la desvergüenza, la ruindad y la bajeza del hijo de Ziad no conocieron límites” (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac).

El grado de perversidad de los Omeyas de aquella época era casi infinito. Uno de ellos escribe a su jefe: “Como (usted) había ordenado, saqueamos Medina durante tres días. Agradezco a Dios que me curó de mis angustias cuando maté a los antiguos opositores” (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). Y uno de los máximos degenerados, un tal Hajjah, dijo: “De lo que más he gozado es del derramamiento de sangre y de realizar esas cosas que nadie tuvo el coraje de hacerlas ahora ni antes” (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac). Estos criminales que en su desfachatez juraban por Dios, preferían a los ateos y a los politeístas antes que a los creyentes en Dios Uno: a los primeros premiaban con grandes regalos e importantes puestos, en tanto que a los firmes en el monoteísmo los masacraba. El rencor que albergaba Hajjah contra los convencidos de la verdad del Corán era tal, que asesinaba a cualquiera que llevase el nombre de Ali o el de alguno de sus familiares, pues estos eran los más firmes sostenedores del Libro revelado por el Profeta Muhammad. Sin más motivo que ese rencor, asesinó a unas 120 mil personas y encarceló a unos 50 mil hombres y 30 mil mujeres. El gobernante de turno de los Omeyas pidió a sus hijos antes de morir: “Honren a Hajjah porque el holló los púlpitos, destruyó ciudades y sometió a los enemigos por amor a ustedes” (“La Voz de la Justicia Humana”, G. Jordac), por lo que ese criminal de lesa humanidad fue mantenido como gobernador de una amplia zona.

Todo lo dicho bajo el subtítulo QUINTA CUESTION exhibe de manera profunda cuáles son las raíces de estos grupos y, casi automáticamente, da respuesta a la CUARTA CUESTION –cómo es posible que recluten tanta gente– de una manera plena y explica, con toda claridad, lo más medular de la TERCERA CUESTION, es decir, quiénes son favorecidos por su accionar. Además, deja esclarecido de manera terminante el interrogante de la SEGUNDA CUESTION –acerca de la profesión de fe de estos grupos– y determina con toda la contundencia del caso la respuesta a la PRIMERA CUESTION, o sea, porqué actúan en nombre del Islam.
Creo que con lo expuesto se fundamenta sólidamente cuáles son las raíces ideológico-políticas de los actuales terroristas, algo que entiendo no se ha hecho hasta el momento en los estudios en la materia.

Por último, podemos resumir esa larga y cruenta historia de tareas antiislámicas realizadas por gente formalmente “musulmana” –que el capitalismo salvaje aprovechó espectacularmente–, señalando a los actores principales entre los enemigos del Profeta Muhammad desde un inicio hasta la actualidad:

1) Quienes combatieron e intentaron asesinar al Profeta Muhammad al principio de su misión con Abu Sufyan a la cabeza;
2) El hijo de Abu Sufyan, Muawiyyah, quien da origen a la dinastía Omeya.
3) Los wahhabis o salafistas asociados con la casa Saud, quienes con la ayuda de los británicos establecieron la llamada “Arabia Saudita”. Ese invento reunió lo peor de los Omeyas con lo peor de los piratas, explotadores, saqueadores, esclavistas, verdugos e imperialistas ingleses.
4) Todos los grupos terroristas actuales, entre los que se cuentan Talibanes, ISIS, CI, Estado Islámico, Al Nusra, Al Qaeda, Jorasán, Boko Haram (Jama’atu Ahlis Sunna Lidda’awati wal-Jihad), Al Shabaab, Jemah Islamiyah, Emiratos del Cáucaso, Lashkar -e- Tayyiba, Abu Sayyaf, Jaish -e- Mohammaed, etc.

Este es el hilo negro que enhebra los distintos y consecutivos elementos disfrazados de musulmanes que constituyen el eje antiislámico en la historia del Islam. Los hechos nos muestran con claridad cuál es la naturaleza de los seguidores de los Omeyas –una inmensa multitud de mangoneados últimamente, de una u otra forma, por los salafistas– y cual la de la pequeña cantidad de seguidores de Ali.

Por último, una pregunta clave para que quede marcada, de manera indeleble, la esencia ideoloógico-política de los terroristas de los que nos ocupamos: ¿puede alguien mencionar entre todos esos grupos asesinos a uno que no sea seguidor de los omeyas-wahabbis-salafistas-sauditas?
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