Islam’s tolerance and justice equal to all

By 2017-06-29

By Alhaj A.H.M. Azwer

We celebrated Eid Ul Fitr once again by the Grace of Allah. I hope and pray that we all have strived to get the full benefits of Ramadhan this year and celebrate Eid in its true spirit.

We correct our mistakes, become new persons and lay the foundation to carry forward all those meritorious acts in the coming year. We have increased our ‘Taqwa’ (a status of being conscious of God), which is the real purpose of fasting during Ramadhan.
Muslims are tested in various ways, the latest being the fearmongering by certain groups that they will be ruled under Shariah or Islamic law in Sri Lanka and they stand to lose their freedom. This is a baseless allegation, therefore it becomes imperative for Muslims of Sri Lanka to clear this misunderstanding among non-Muslims. It is forbidden to force anything on others.

Let it be known that under an ideal Islamic Government, “non-Muslims will have the same political and cultural rights as Muslims. They will have autonomy and freedom of religion.” This clause was enshrined in the Constitution of Medina, also known as the Charter of Medina under the instructions of Prophet Mohammed (S) when it was drafted in 622 CE.

Dr. John Andrew Morrow, author of The Covenants of Prophet Muhammad (Angelico Press 2013), commends this exemplary conduct of Prophet Mohammed (S) and opined that under the Constitution of Medina:

“Identity and loyalty were no longer to be based on family, tribe, kinship, or even religion. The overriding identity was membership in the ummah (nation) of Muhammad. The Constitution of Medina decreed that the citizens of the Islamic state were one and indivisible regardless of religion. Be they heathen, People of the Book, or Muslims, all those who were subject to the Constitution belonged to the same ummah (nation). In doing so, he created a tolerant, pluralistic government which protected religious freedom. The importance of this is so extraordinary that it is often misunderstood.”

Islamic nation

Thus it is abundantly clear that in modern political parlance an Islamic nation is essentially secular in its outlook, which may come as a surprise to many. To the well-informed Muslims and non-Muslims alike this is not a surprise at all. Tolerance is important in Islam, and justice is equal to all as Andrew Murray stressed “even Muhammad the Messenger of Allah was not above the law.”

If Muslims have taken a little effort to spread this message, we would not have seen the misunderstandings that are prevalent regarding Islam in our society today. On this blessed day I urge my fellow Muslims take this as a religious duty and make a sincere effort to clear the doubts that exist among non-Muslims, not only on this issue but on countless other issues.

Overall it has been a tough year for the country. We faced many calamities including the heatwave and the flood disaster. All communities rose to the occasion as a single family and overcame the disastrous situation demonstrating that our strength lies in unity. By the Grace of God we can overcome even tougher situations and progress if we are united as one nation.

New era

Let the celebrations usher in a new era for us as Muslims of Sri Lanka. Let us learn from our mistakes and pray for peace and prosperity in our beloved Motherland. Our prayers are also for the struggling brethren in rest of the world. May Allah alleviate their sufferings and grant them success.

ahmazwer08@gmail.com

¿Quiénes son “Nosotros”? Humera Khan Rechaza los Decretos Divinos

June 19, 2017

SHAFAQNA – Teniendo en cuenta la amnesia colectiva de la mayoría de la comunidad musulmana a lo largo del siglo pasado, el renacimiento de los Pactos del Profeta es un fenómeno de considerable importancia. En consecuencia, cuando una experta antiterrorista como Humera Khan declara “nosotros no necesitamos esos documentos”, estamos obligados a formular una pregunta esencial: ¿quiénes no los necesitan? ¿quiénes son “nosotros”?

Humera Khan es Directora Ejecutiva de “Muflehun”, organismo al que se describe como «un grupo de expertos especializados en prevenir la radicalización y combatir al extremismo violento (CEV)». Sus áreas de especialización incluyen «Combatir al Extremismo Violento (CEV), Medios de Difusión y la CEV, Estrategias de Seguridad, Estudios Islámicos, Ideología del Extremismo Violento, Las Mujeres y la Seguridad, Programas para la Juventud de CEV, Radicalización Online, Programas de la CEV para Mujeres». Humera «sirve como asesora al gobierno de Estados Unidos (incluidos el FBI, DHS, DOJ, DNI, DOS, NCTC, NSC y TSA) y a distintos organismos de seguridad europeos». En reconocimiento por sus servicios, recibió el Premio al Liderazgo Comunitario por parte del Director del FBI en 2012.

Es posible que con “nosotros” se refiera a “nosotros los musulmanes”. Entonces se podría leer: “nosotros los musulmanes no necesitamos esos documentos”. De todos modos, resulta incomprensible el motivo por el que un líder musulmán rechazaría documentos de semejante envergadura socio-política. Los Pactos del Profeta incentivan de una manera espectacular la tolerancia, la inclusión y la convivencia pacífica entre los miembros de todas las religiones. Afirmar que los musulmanes no los necesitamos, es lo mismo que decir que los países no necesitan sus respectivas Constituciones o que los seres humanos no necesitan la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

También podría ser que “nosotros” tenga un significado más amplio. Por ejemplo, “nosotros, los seres humanos, no necesitamos esos documentos”. Es decir, quizás sean de interés para los musulmanes pero no significarían nada para los no musulmanes. Pero en este caso se estaría despreciando lo que sí fue durante mucho tiempo de una importancia vital para judíos, samaritanos, cristianos y zoroastrianos, con el valor de pólizas de seguro efectivas en lo que hacía a la protección de sus vidas, derechos religiosos, propiedad y libertades. Decir “nosotros, los seres humanos, no necesitamos esos documentos”, es privar a los no-musulmanes de su identidad y existencia en el mundo islámico.

Pero es posible que el misterioso “nosotros” tuviese connotaciones más siniestras y transmita el sentido “nosotros, el FBI o el Departamento de Estado, no necesitamos esos documentos”. Para ellos, antes que representar un beneficio, representarían una desventaja puesto que interfieren directamente en la dicotomía impuesta de “musulmanes buenos” y “musulmanes malos”. Los “buenos” serían los que promueven los planes y formas de vida de Occidente y los “malos” los que defienden la soberanía de sus tierras y las formas de vida islámicas. Hay que recordar que la mayoría de los países occidentales, incluyendo el gobierno de Estados Unidos, han aceptado los principios del CEV (Combating Violent Extremism); o sea, la Estrategia para Combatir al Extremismo Violento.

Mientras que nadie en su sano juicio se opone a la lucha contra el extremismo violento, Peter Romaniuk, en “¿Funciona la Estrategia para Combatir al Extremismo Violento? Lecciones Aprendidas del Esfuerzo Global Para Oponerse al Extremismo Violento”, llega a la conclusión de que “los logros de la CEV en la práctica, aún no son proporcionales a su importancia en el discurso público”. Que la CEV se centre en la rehabilitación y reinserción de los delincuentes violentos, es una manifestación del sinsentido liberal. No estamos tratando con jóvenes descarriados que fuman marihuana, duermen en exceso con muchachas y consumen cantidades exageradas de alcohol. Se trata de gente que viola, tortura y asesina en masa. No deberíamos tratarlos como infantes. Deberíamos eliminarlos. Aquí radica la diferencia fundamental entre los partidarios de la CEV y los partidarios de la Iniciativa de los Pactos. Estos son claros: exigen justicia. Los crímenes graves como abuso sexual, trata de personas, crímenes de guerra y genocidio, no deben quedar impunes. Y si quedan impunes ello hará temblar el Trono Majestuoso.

¿Quiénes son “nosotros”? Si algo está claro, es que “nosotros” no son “quienes” pensamos. “Nosotros” no podría ser el colectivo musulmán. El argumento de que el Corán es todo lo que los musulmanes necesitan es coránicamente inadmisible. Dice Dios Todopoderoso, “obedece a Allah y obedece al Mensajero” (3:31; 4:59; 5:92; 24:54; 64:12). Y el Corán dice explícitamente: “quien obedece al Mensajero ha obedecido a Allah” (4:79). También se establece definidamente que “quien desobedezca a Allah y a su Mensajero indudablemente está equivocado” (33:36).

Si el Corán es lo único que necesitamos los musulmanes, ¿por qué no quemar todos los libros de tradiciones? ¿Por qué no colocar los libros de jurisprudencia, exégesis, teología, historia y filosofía en la pira funeraria? Y aunque todos decimos seguir el Corán, nos dividimos en innumerables sectas, movimientos y escuelas. ¿Por qué?

Porque en la práctica, a través de los siglos, el Corán no ha sido una fuente de unidad y uniformidad en la comunidad musulmana, seguramente por aquello de “Dios une, los hombres dividen”. El Corán, con aproximadamente 1500 años de vida, no evitó que los musulmanes matasen a otros musulmanes y a no musulmanes. ¿Por qué? Porque se desobedeció un consejo-aviso clave, trascendental del Profeta de los musulmanes. Se desobedeció la reconocida tradición mutawatir, el hadiz de Ghadir Jumm.

Y el Mensajero de Dios predijo lo que sucedería debido a la interpretación errada o malévola del Corán: «pronto llegará el tiempo en que no quedará nada del Corán, salvo sus vestigios; y no quedará nada del Islam salvo su nombre. Sus mezquitas estarán llenas (de gente) pero desprovistas de orientación. Sus eruditos serán la peor gente bajo el cielo y de ellos emergerán y se expandirán las disensiones y los conflictos”. Hoy día se podría retomar la buena senda y dejar de lado las disensiones y los conflictos con solo aplicar los Pactos del Profeta.

Independientemente de que alguien ponga en duda que los Pactos del Profeta concedidos a los judíos, samaritanos, cristianos y zoroastrianos sean auténticos, contienen los mismos componentes principales que los Pactos del Profeta que sobrevivieron de manera incompleta en fuentes musulmanas censuradas. Incluso aunque alguien afirmase que todas las cartas, tratados y Pactos del Profeta en todas las fuentes son falsos, no se podría ser un musulmán de buena fe y creyente si se rechazasen los principios que propugna: el derecho a la vida, el derecho a la dignidad humana, el derecho a la devoción o culto religioso, el derecho a la propiedad y el derecho a la protección.

Realmente ¿“no necesitamos esos documentos”? Dios Todopoderoso cree que sí. De no ser así, no se los habría revelado al Profeta Muhammad –la paz y las bendiciones sean con él–. El Mensajero de Dios cree que los necesitamos. De no ser así, no los habría presentado, no los habría reproducido multiplicadamente, no habría exigido su cumplimiento por parte de una gran cantidad de sus Compañeros y no los hubiese proporcionado a las comunidades religiosas en todo el Oriente Medio.

Seamos honestos. Los musulmanes necesitamos los Pactos del Profeta. El Pueblo del Libro los necesita. Los seres humanos los necesitamos. Todos nosotros los necesitamos ahora más que nunca.

[Nota del Editor: Para mayor información, los lectores pueden consultar Power Manifestations of the Sirah: Examining the Letters and Treaties of the Messenger of Allah (2011) por Zafar Bangash, El Minarete y el Campanario: los Pactos del Profeta Muhammad con los Cristianos del Mundo por John Andrew Morrow e Islam and the People of the Book: Critical Studies on the Covenants of the Prophet (2017), escrito por el Dr. Morrow y una docena de académicos eruditos musulmanes.]

Héctor Horacio Manzolillo ha estado durante un largo período de su juventud comprometido con las necesidades de los oprimidos y explotados en Argentina. Participó activamente en el trabajo socio-político llevado a cabo por el “movimiento de sacerdotes para el tercer mundo” y fue expulsado de su país en 1975 por el gobierno, el cual se hallaba bajo presión militar. Se trata de un analista político que durante muchos años publicó artículos en dos periódicos de su provincia luego de retornar del exilio. También es autor de cientos de artículos y traductor de más de sesenta libros islámicos del inglés al español, incluido Los Pactos del Profeta Muhammad con los Cristianos del Mundo. Actualmente continúa en la misma línea de trabajo.

Islamophobia: Genuine Ignorance and Information Terror (Part 2)

Jan Dulac *

There are eight shocking facts you did not know about violence in Christianity and Islam.

1. Hatred and violence

Western experts and historians came to a conclusion that Christian scriptures in the Bible were actually far more bloody and violent than those in the Quran. “There is a specific kind of warfare laid down in the Bible, called Consider the Book of Samuel, when God instructs King Saul to attack the Amalekites: “And utterly destroy all that they have, and do not spare them,” God says through the Prophet Samuel. “But kill both man and woman, infant and nursing child, ox and sheep, camel and donkey” (prof.Peter Jenkins, Penn State University). “The Quran explicitly condemns religious aggression and the killing of civilians.It also makes the distinction between jihad — legal warfare with the proper rules of engagement — and irjaf, or terrorism” (Waleed El-Ansary, University of South Caroline). As a general rule, the Quran instructs restraining from excessive use of force.

2. Terrorism

The FBI has concluded: most of the terrorist activity in the United States in recent years has come from radical Christians, white supremacists and far-right militia. The National Consortium for the Study of Terrorism and Responses to Terrorism (START) determined that out of the approximately 2,400 terrorist attacks on U.S. soil, 60 (about 2.5%) were carried out by Muslims between 1970 and 2012. Does that mean more than 95% of terror plots and acts in the US were committed by “Christian terrorists” and the rest – by “Islamic and other terrorists”? True, while Washington has spent more than 1.6 trillion USD on counterterrorism operations since 9/11, the number of terror acts worldwide has grown a dozen times.

Even then, the National Space Science Institute (USA) estimates that the odds of being killed by a terrorist attack is about the same as being hit by an asteroid. “An average Joe” can calculate, having these facts, the probability of “It’s going to be a Muslim killing me!” The odds of being killed even by a white supremacist, let alone “Islamist”, is lower than being bitten to death by Joe’s dog.

3. Tolerance

The Quran states about the “People of the Book” (Christians): “Of the People of the Scripture there is a staunch community who recite the revelations of Allah in the night season, falling prostrate (before Him). They believe in Allah and the LastDay, and enjoin right conduct and forbid indecency, and vie with one another in good works. They are of the righteous. And whatever good they do, they will not be denied the need thereof. Allah is Aware of those who ward off (evil)” (Sura3:113-115). The Achtiname of Muhammad (626 AD), or the (Holy) Testament of the Prophet Muhammad, ordered Muslims to protect and defend Christians: “Whenever monks, devotees and pilgrims gather together, whether in a mountain or valley, or den, or frequented place, or plain, or church, or in houses of worship, verily we are [at the] back of them and shall protect them, and their properties and their morals, by Myself, by My Friends and by My Assistants, for they are of My Subjects and under My Protection”.

4. Islam is derived from the word salam, meaning peace. The Prophet Muhammad (pbuh) orders in the Achtiname: “Their churches must be honored and they must not be withheld from building churches or repairing convents.” Hence, Muslims wish salam even to those European countries that ban the construction of mosques.

5. Islam is the only non-Christian faith that believes in Jesus (pbuh), whose name is mentioned 25 times in the Quran whereas the name of the Prophet Muhammad (pbuh) – four times. Name of Maryam (Mary) was mentioned explicitly in the Quran 34 times in 32 verses and one chapter was completely devoted to Maryam.

6. Women rights

Maryam was the one who was given as an example for the Muslim women, and for men. “And Allah presents an example of those who believed: the wife of Pharaoh, when she said, “My Lord, build for me near You a house in Paradise and save me from Pharaoh and his deeds and save me from the wrongdoing people.” [The example of] Mary, the daughter of ‘Imraan, who guarded her chastity, so we blew into [her garment] through Our angel [i.e. Gabriel], and she believed in the words of her Lord and His scriptures and was of the devoutly obedient.” [Quran 66:11-12]

Divorce, property issues and rights were clearly reflected in the Quran and Hadith. About 30 percent of divorces were carefully documented during the Mamluk period (1250-1517) in the urban societies. Moreover, the Quran allows inter-religious marriage: “Should any Christian woman be married to a Musulman [i.e. Muslim], such marriage must not take place except after her consent, and she must not be prevented from going to her church for prayer.” The essence of women’s “rights” compiled under English law in 1632 – “That which the husband hath is his own. That which the wife hath is the husband’s”, remained intact till early twentieth century.[6]

7. Religious beliefs and democratic principles

The majority of both, Muslims and Christians, see no disjunction here. In Jordan, for example, 54% of men and 55% of women think Sharia should be a source of legislation in their country. Likewise, a 2006 Gallup poll indicated that 46% of Americans say that they want the Bible to be a source of legislation.

8. Sharia.

There is no such thing as a movement, registered or unregistered, to impose Sharia in Europe or in the United States. Prophet Mohammed (pbuh) delivered a way of life for Muslims to follow. After a hundred years it was interpreted in Sharia law as guidance for Muslims and their daily life. Westerners might dislike it but some Muslims even clean their teeth five times a day – since Prophet Muhammad (pbuh) recommended it (using a Miswaak, the ancient “tooth brush” made of twig of arak tree).

The reasons many, including until recently – the author, did not know these and similar facts are: religious illiteracy of “the 99%” used by “the 1%” to wage information terror and to achieve political and material ends.

“The Pew Forum on Religion & Public Life study” measured Americans’ knowledge of their own belief systems and the belief systems of others conducting a survey with 32 religion-related questions, like “What is the first book of the Bible?”, “When was the Mormon religion founded?”, etc. Atheists and agnostics answered an average of 20.9 questions correctly. Jews and Mormons were scoring a 20.5 and 20.3 respectively, while Protestants as a whole got a mere 16 questions correct and Catholics only 14.7.” If Christians’ knowledge of their own religion is below 50% level, one might assume their awareness of the opposite faith is 10 to 20%, at best. Looks like Tony Blair Faith Foundation’s Education for Open minds initiative should focus on Western countries, not only Islamic ones.

Similar attitudes are present in many Muslim-majority countries, though. If you ask ten University educated individuals in Central Asia, irrespective of their age and occupation about the main principles and facts in Islam, probably, only one will manage to answer correctly (the results may vary among the countries). The challenge for the region, which is part of “the Grey zone” International Terrorist Gang threatens to destroy, is building a truly secular society.

For the notion of “tolerance”, it should be derived from a nuanced understanding of pluralism – not just from “soviet-and post-soviet-atheistic” type of tolerance and secularism prevailing among the older generation and their children. Otherwise, cases such as when people push a woman wearing a hijab out of a bus, because she is an “extremist” will become common practice, not an exception. Sociologist, Peter L. Berger, well known for his contribution to the theory of secularism, cautions that today’s trends in the Islamic and Western societies “provide a massive falsification of the idea that modernization and secularization are cognate phenomena”.

Modernity does not automatically lead to secularism. On the contrary, there is an upsurge of forces of “counter-secularism” in Islam and Christianity. In this vein, some experts wonder if authorities see a direct link between religious illiteracy, stereotyped perception of Islam and recent extremists attacks in Kazakhstan.

Ground breaking research on the anti-Muslim hate industry by the Center for American Progress focused on the 25 most vocal activists engaged in anti-Islam rhetoric, and this has revealed that only 1 (4%) had the qualifications to be considered an “expert” on Islam. It is no surprise that the majority do not have even a college degree in Islamic studies. But it does not bother the “talking heads” to assume, together with mainstream TV channels, the role of “the Ministry of Truth” where “political language is designed to make lies sound truthful and murder respectable, and to give an appearance of solidity to pure wind.”

Another key factor, which was not addressed properly even by authoritative organizations and groups promoting a noble cause – a Dialogue of cultures and civilizations, is the role of information warfare affecting Islamophobia. Experts even consider good case studies to be equally shameless and are Western propaganda machines such as “Russia Today” (RT). The two foes’ cyber armies massively use public perception manipulation, neuro-linguistic programming, rumors development and dissemination and other modern scientific techniques of “subliminal persuasion.”

This allows, among other things, to destruct and switch, when needed, attention of the ordinary people from the exposed failures or lies of the politicians to eye-catching events – often artificially created. Ever hear that the videos presented as if they were from Belgium in the news coverage of “Brussels horror” were in fact, videos of the Moscow airport terror attacks and the Minsk Metro terror attacks in 2011? Or that the millions of euros were disbursed to fascist organizations by the EU in the years 2014–2016?

One can guess why these and many other similar outrageous facts did not make a media splash and outcry in democratic societies. Given the cynicism of the geopolitical players, it is presumed that the stand-off Russia – West, the modern version of the “Red Scare” (threat of Communism) against “Blue Scare” (Capitalism), could be replaced by their accommodation of a “mutually beneficial” “Islam(ist) Scare” at some point.

Christian and Muslim Unity

By Shaun Jex

Shortly after 9/11 I started reading the Quran.  The divisive rhetoric regarding Islam had reached a fever pitch and I wanted to better understand the faith.  What I found helped me see the dichotomy between true Islam and the extremist vision of the terrorists who co-opted the name of the religion for their own purposes.  Education dispels ignorance, which lies at the root of fear.

Sixteen years have passed and we find ourselves again in a time of schism.  Extremists from all sides attempt to appeal to our base natures and  seek to drive us into a regressive tribalism rooted in a fear of the other.  Now, as before, I think we need to be deliberate in working against this.  Knowing our history can help.

Many people know about the Crusades, the long and bloody religious war between the medieval Latin Church and Islam.  However, if we look deeper into the history of the two faiths we find a deeper history of mutual respect and brotherhood between Muslims and Christians.

The Migration to Abyssinia

 

Amrah

A coin of King Armah

In the earliest days of Islam (613 CE), followers of Muhammad found themselves facing persecution at the hands of the polytheistic residents of Mecca.  The persecution reached such a high level that Muhammad  told his followers to flee the land and to see refuge in Abyssinia (modern day Ethiopia and Eritrea) under the protection of the Christian Negus Ashama ibn Abjar (called King Armah by modern historians).  Members of the persecuting Quraysh tribe pursued the refugees and attempted to bribe the Christian king into handing them over to their persecutors.  They even appealed to the king’s faith declaring, “They have abandoned their own religion but neither accepted yours, and have invented a new faith which neither of us know.”  King Negus called the Muslims into his presence and asked them to speak of their faith.  After hearing what they had to say, and despite entreaties from his bodyguards, Negus declared that he would never hand them over and that they could remain in his kingdom in safety.

The Achtiname of Muhammad

The_Patent_of_Mohammed

The Patent of Muhammad

A decade later, Muhammad would offer similar protection to Christians.  In 625 CE, he wrote a document that has come to be known as the “Achtiname of Muhammad” or the “Covenant of the Prophet Muhammad with the Monks of Mount Sinai”.  The letter declares itself, “directed to the embracers of Islam, as a covenant given to the followers of Jesus the Nazarene in the East and West, the far and near, the Arabs and foreigners, the known and the unknown.”  It goes on to say that, “he who disobeys that which is therein will be considered a disbeliever and a transgressor to that whereunto he is commanded. He will be regarded as one who has corrupted the oath of God, disbelieved His Testament, rejected His Authority, despised His Religion, and made himself deserving of His Curse, whether he is a Sultan or any other believer of Islam.”

The letter details a list of freedoms to be guaranteed the Christians.  It begins with a broad statement that, “Whenever Christian monks, devotees and pilgrims gather together, whether in a mountain or valley, or den, or frequented place, or plain, or church, or in houses of worship, verily we are [at the] back of them and shall protect them, and their properties and their morals, by Myself, by My Friends and by My Assistants, for they are of My Subjects and under My Protection.”  After this, it states that Christians are not to be unfairly taxed.  They are not to be compelled to leave their faith or to take up arms in times of conflict, instead stating that Muslims should fight for them.  The letter also declares that if a Christian woman marries a Muslim man, she should not be hindered from practicing her Christian faith.

As broken human beings, there are times that members both faiths have failed to live up to their highest ideals.  There are now and have been in the past, fringe elements of Christianity and Islam that have sought to distort the faiths for their own personal agenda.  We need to look beyond this, to find those things that bind us together, to find the stories in our past that demonstrate that a better world is possible today.

In the words of Dr. Martin Luther King Jr., “We must learn to live together as brothers or perish together as fools.”

The Cyber-War against ISIS: Using Technology to Tackle Terrorists

 

 By Dr. John Andrew Morrow

I: Introduction

From a strategic standpoint, the struggle against extremism and terrorism relies upon both soft power and hard power, the proverbial carrot or the stick. Soft power is non-coercive. It attempts to change and influence social and political opinion. It seeks diplomatic solutions. Its currency is culture, political values, and foreign policies. Hard power refers to modes of coercion, including economic sanctions and direct military confrontation. If hard power seeks to coerce, soft power seeks to co-opt.

With the exception of lawful combatants under the command of state actors who abide by the articles of war, most Muslims are not in a position to participate in direct military conflicts against Takfiri terrorists in West Africa, North Africa, the Middle East, Asia or elsewhere. Such Muslims can, however, engage in social, political, and economic activities that support the war against sub-human psychopaths who pretend to be Muslims.

If a handful of ugly ISIS losers and rejects can operate a propaganda campaign from some cesspool in Syria, producing videos and publications which are then shared to tens of thousands of other fools and failures, individual Muslims, along with Islamic organizations and associations can easily set up cyber centers that are far more efficient and professional. If a small-band of overly-hairy ISIS apes can ruin the image of Islam over the course of a few years, similar-sized brotherhoods and sisterhoods of beautiful bona fide Muslims can create a new narrative.

II: Structure

In terms of the information war or cyber jihad against ISIS and extremism, the Covenants Initiative proposes the following in terms of structure:

1) Rather than have a single, centralized, cyber center, various smaller centers should operate around the word.

2) Intelligence and computer experts estimate that ISIS employs as little as half a dozen full-time internet propagandists.  With a dedicated staff of similar size, ISIS efforts could be countered. With a larger staff, an information center could flood the field, dilute, and drown out the discourse of the extremists.

4) The possibility of coordinating efforts with media giants such as Google merits serious consideration. Private sector partners could prove particularly useful. Some of our partners are working with Google to disrupt ISIS recruiting online. Such efforts should be supported and expanded.

5) At one point, possible collaborative efforts between the various anti-ISIS information centers and law enforcement/intelligence agencies can be envisioned. While some agencies have the technological tools to target ISIS and other extremists, they do not necessarily have sufficient content knowledge to fully comprehend the enemy and to determine the most effective strategies to implement. Unfortunately, many of the major powers in the world today have a history of simultaneously supporting and opposing extremist groups. Consequently, caution is the order of the day. In most cases, Muslims should take the initiative to act independently.

III: Tools 

For Muslim contemplating the creation of counter-radicalization cyber centers, the Covenants Initiative proposes the following guidelines:

1) The soft war on terror must employ all available technology, including, but not limited to email, social media, and videos.

2) The content should be multilingual. Languages need to be prioritized on the basis of their frequency in propaganda and recruitment efforts. English and Arabic come first followed by French, German, Danish, Norwegian, Dutch, Swedish, Urdu, and Russian.

3) Bots, fake friends, or computer algorithms that act like real people, should be created by the tens of thousands to disseminate anti-extremist content.

4) Using “Artificial Intelligence-information systems,” just like a spyware or a spam or pop-up detector for online browsing, an application and/or plug-in could alert the end user if the information being read or discussed in live communication is leaning in an “ISIS-friendly” direction, say with 5 color-coded levels of alert. A smart app could then offer context-sensitive suggestions to help tackle misinformation to protect untrained minds. (This feature could be packaged along with the existing McAfee or Norton type products).

5) A plagiarism check system, such as turitin.com, could be used to identify “sources” of information shared by ISIS-friendly parties, since most of the content used by ISIS for recruitment over the internet could very well be coming from the same sources. For instance, ISIS recruiters might quote certain verses or hadiths more often; this would be an easy way to detect their presence.

6) A Checklist/Scorecard/Detection system to be developed that can be used by Muslims and Non-Muslims to quickly (with some higher level of accuracy) ascertain “ISIS-friendly” content, and clear action plan on how to deal with such people/situations.

7) Just as in the cold war era, hold exercises or drills in schools, colleges, work places, temples etc. about how to deal with “ISIS-friendly” situations. Offer training in how to conduct these drills through webinars/seminars just as courses on “responsible use of social media” are currently being offered through schools/colleges.

8) Short films could be shared on YouTube showing the public how ISIS and similar groups carry on recruiting.

9) Since 13 to 27 is likely the age group in the West most often targeted by ISIS recruiters, schools/colleges should consider offering courses like “ISIS versus Islam,” which could be a 0.5 credit hour mandatory class showing how to combat ISIS.

10) Distribute free or steeply discounted tablets with free internet access in war torn countries. Let this access be restricted so that only specific content may be viewed by young people there, making sure that ISIS and other extremist content is completely blocked. These tablets could be used to offer free degree programs to the youth, allowing them to pick up skills, advance knowledge, receive therapy etc. In other words, create other opportunities so youth have less time and inclination to connect with ISIS-friendly people or recruiters.

11) Entertainment should be one factor in any anti-extremist endeavors. Comedy, for example, is a useful tool against extremism. It has been used effectively throughout the Muslim world. Mockery and parody of extremists by comedians, artists, writers, and poets helps to ridicule them in the minds of the Muslim majority. The academic approach only tends to impact educated people but the use of entertainment reaches a much broader segment of the population. Whether it is comedy, theatre, music, videos, short films or full-length features, entertainment is a powerful tool that can be used to counter the extremist narrative.

12) While Muslim volunteers would be welcome, as seeing that ISIS does not pay its propagandists, they do it for free, cyber centers could also rely upon paid staff, even hiring non-Muslim hackers as mercenaries and allies at the service of Islam.

13) Since as little as 4% of the internet is visible to ordinary users, the rest occupying the unindexed deep web which contains mostly legitimate information, and the encrypted dark web, used by bankers, swindlers, phishers, scammers, the military, illegal pornographers, pedophiles, human traffickers, drug traffickers, hit-men, terrorists etc., computer experts should take the war to the cyber battlefield and systematically attack and expose Takfiri Satanists and their sponsors in these arenas.

IV: Conclusions

There is no good without evil and no evil without good. As the Prophet Muhammad, blessings and peace be upon him, foretold, the Kharijites would resurface sporadically from the seventh century until the end of time when they will be finally vanquished by the Messiah Jesus and the Imam Mahdi. Extremists and terrorists are the catamites of the Anti-Christ. All Muslims must fight them in the name of Allah and His Messenger. And while there is a time and place for the sword, most Muslims must rely upon the word. As the Prophet Muhammad and Imam Ja‘far al-Sadiq confirmed: “The ink of a scholar is more precious than the blood of a martyr.” As important as military might may be, it does not have the power to destroy a pernicious and perverse ideology. In a war of ideas, it is the most convincing and compelling idea that will ultimately win. Only true Islam can defeat fake Islam: “With Allah is the perfect proof and argument” (6:149). So raise your pens, Soldiers of Allah, and spill your ink in His Path!

Dr. John Andrew Morrow is Native North American a proud member of the Métis Nation. After taking his Shahadah at the age of 16, he became both a qualified Western academic and a Muslim ‘Alim. He has authored over thirty peer-reviewed books and over one hundred scholarly articles. His most influential work to date is The Covenants of the Prophet Muhammad with the Christians of the World. His websites include http://www.covenantsoftheprophet.com and http://www.johnandrewmorrow.com. His videos and lectures can be found on The Covenants of the Prophet Channel on YouTube: https://www.youtube.com/channel/UCqM3-puvWuKuCEJsDQDZFrA . His Facebook accounts include @johnandrewmorrow and @covenantsoftheprophet. He can be followed on Twitter @drjamorrow.

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LE ASHTINAME OU L’ALLIANCE DE SAINTE CATHERINE : La promesse de protection faite par le Prophète aux chrétiens

13 JUIN 2017

Libnanews

Alors que les attentats terroristes se multiplient frappant indistinctement l’Occident « impie » et les pays musulmans, que les persécutions et massacres des « Koufars », des « croisés » et autres « infidèles » se multiplient, que la menace d’extinction tant physique que culturelle des chrétiens d’Orient est plus que jamais une réalité, que les ingrédients du choc des civilisations sont réunis, il serait plus opportun que jamais de rafraichir les mémoires égarées et de réhabiliter certaines vérités tant historiques que doctrinales.

Aussi j’aimerai rappeler aux fondamentalistes, aux salafistes, aux takfiristes et autres Djihadistes (sans pour autant entretenir la moindre confusion entre ces diverses appellations) mais aussi à l’ensemble des musulmans et des non musulmans, la promesse de protection qu’aurait faite le Prophète de l’Islam en 625/628 aux chrétiens d’Egypte. Des chrétiens encore marginalisés aujourd’hui, considérés comme des citoyens de seconde zone; qui sont soumis à des vexations, des interdits et des persécutions en tout genre ; dont les lieux de culte sont la cible constante d’attentats;  qui sont  menacés dans l’exercice de leur foi et jusque dans leur intégrité physique Rien qu’en 2017 les Coptes ont connu trois vagues d’assassinats successives.

Il s’agit du Pacte du prophète Mahomet avec les moines du mont Sinaï attribué à Muhammad ibn ‘Abd Allah, le Messager d’Allah. Le Monastère de Sainte Catherine, fondé en 527 par l’Empereur Justinien, est l’un des plus anciens encore en activité et figure sur la liste du patrimoine mondial de l’UNESCO. Situé au pied du Mont Sinaï il est doté d’une immense collection de manuscrits chrétiens, la plus grande après celle du Vatican.

Le document aurait été écrit de la main même de l’Imam Ali au cours de la quatrième ou de la septième année de l’Hégire, autour de 625 ou de 628 de l’ère chrétienne. Il porte en lieu de signature l’empreinte de la propre main de Muhammad trempée dans l’encre. La date exacte semble faire divergence parmi les historiens, certains affirment même que ce pacte daterait de l’an 2 de l’hégire, d’autres avancent une autre date, postérieure, après le traité d’Hudhaybiyya qui eut lieu en l’an 8 de l’hégire.[1]

Plus connu sous le nom de Ashtiname –  mot perse signifiant « Livre de la Paix » – mais aussi de « Testament sacré de Muhammad » ou « Traité Eternel de Muhammad », ce contrat s’étendrait à tous les chrétiens quelque soit le lieu ou le temps. Considéré comme un texte fondateur de la jurisprudence islamique, ses prescriptions sont conformes à l’esprit du Coran, des hadiths, de la Sunna ainsi que d’autres traités et pactes prophétiques plus réputés. Elles sont en de nombreux points similaires avec celles du Pacte de Najran (Voir annexe) mais aussi de celles de la Constitution de Médine. Quoiqu’il en soit toutes ces chartes s’accordent sur des points essentiels, à savoir : la justice, l’équité, la sécurité, l’indulgence à l’égard des chrétiens et le respect de leur personne (et plus largement de l’ensemble des « protégés). Des points faisants écho à plusieurs versets du Coran ainsi qu’à des Ahadiths dont le verset 7 de la Sourate 9 , « Tant qu’ils sont droits envers vous, soyez droits envers eux. […] » (Coran 9, 7).

Plus que le détail de ses clauses c’est l’esprit de ce document qui nous importe en ce qu’il est porteur de tolérance et de respect envers les gens du Livre.

En prendre connaissance et la rediffuser est aujourd’hui une responsabilité pour les autorités religieuses musulmanes : cette promesse pourrait avoir un impact important sur l’attitude des musulmans à l’égard des autres religions. Les musulmans respectent en général les précédents établis par leur prophète, s’en inspirent et s’évertuent à les mettre en pratique. Cela pourrait aussi contribuer à la lutte doctrinale contre l’intégrisme et à l’émergence d’un Islam des lumières.

Il s’agit surtout de s’aventurer sur le terrain des Djihadistes et de tenir le langage de tous ceux qui prônent une interprétation rigide et littéraliste du Coan et un retour à l’Islam des origines, à la pratique des premiers temps et au modèle de Médine. Ne sont-ils pas donc censés se reconnaître dans les faits et gestes du Prophète et de ses premiers compagnons, les illustres et pieux prédécesseurs, les Salaf ?

En effet, le salafisme désigne une attitude qui met l’autorité des plus proches de l’époque du Prophète (570-632) au-dessus de l’ijtihad (effort de réflexion) et du recours à la raison. Les salafistes considèrent que plus l’on s’éloigne de cette époque, de l’expérience fondatrice de l’islam et de ceux qui en furent les témoins, moins l’on peut avoir une compréhension de la religion et de ses enseignements. Aussi, le point de vue des Salaf devient l’ultime référence pour le croyant afin de comprendre le message coranique et la tradition consacrée du Prophète. N’est donc valide et recevable que ce qui a été rapporté par eux.

Puisqu’ils sont imperméables à toute remise en question et à la raison critique autant les confronter aux seules légitimité et autorité dont ils se réclament.

Je reprends dans son intégralité l’une des versions de la charte octroyée par le Prophète Muhammad et garantissant droits et protection aux chrétiens. Son contenu et la formulation de ses clauses varient légèrement selon les retranscriptions, les traductions, les transmissions et les époques ; le pacte ayant été maintes fois renouvelés et reconduits par les gouvernants musulmans.

C’est le certificat écrit par Mohammed fils d’Abdallah, le Prophète de Dieu et Son messager à toute l’humanité, livrant à la fois des promesses et des menaces, et ayant dans sa garde le dépôt de Dieu pour Sa Création, que les hommes n’aient aucun plaidoyer après la venue des messagers. Et Dieu est puissant et sage. C’est ce qu’il a écrit au peuple de la religion Chrétienne, et à ceux qui professent la religion Chrétienne dans l’Est et l’Ouest, de près ou de loin, parlant clairement et barbare, connu et inconnu. Il l’a écrit pour eux comme une charte, et quiconque viole, modifie ou transgresse l’alliance à cet égard, aura violé l’alliance de Dieu, rompu sa promesse, ridiculisé sa religion, et obtenu sa malédiction, qu’il soit un souverain ou tout autre Musulman. Si un moine ou pèlerin se retranche dans la montagne, vallée, grotte, canton, sur le sable ou à l’église, je serai derrière eux pour les défendre de tous qui vont les envier, par moi-même, par mes compagnons, par mon peuple, par ma secte et par mes disciples, dans la mesure où ils sont mes sujets et le peuple de mon alliance. Et je les dispense des contrariétés de victuailles qui sont endurées par le peuple du Pacte en ce qu’ils doivent payer la taxe, sauf dans la mesure où ils l’offrent de leur propre gré, et il doit y avoir aucune contrainte ni force utilisées. Aucun évêque sera retiré de son diocèse, ni moine de son monastère, ni ascétique de sa cellule, ni pèlerin de son pèlerinage, ni aucun de leurs lieux d’assemblée ou églises sera démoli, et nul de la richesse de leurs églises sera utilisée pour la construction de mosquées ou des maisons des Musulmans ; et celui qui fait cela aura violé la charte de Dieu et celui de Son Prophète ; en plus, aucun impôt ni amende sera pris des moines, évêques ou ministres. Je maintiendrai leur sécurité partout où qu’ils soient, que ce soit sur terre ou sur mer, à l’est, ouest, nord ou sud. Ils doivent être en tout temps et en tous lieux sous ma protecon et inscrits dans mon alliance et dans l’immunité de tout méfait. De même, les ermites dans les montagnes et les lieux bénis ne doivent pas payer l’impôt foncier, ni la dîme sur ce qu’ils sèment, ni une partie de leur part sera prise puisque celle-ci est assez juste pour leur propre bouche. Ils n’auront pas non plus l’obligation de prêter assistance au moment de la récolte, ils ne seront forcés de sortir pour le service en temps de guerre. Pas plus de douze dirhams par an seront exigés de ceux d’entre eux qui paient l’impôt foncier et des propriétaires de biens et domaines et ceux qui s’engagent dans des marchandises. Aucun d’entre eux doit être obligé de payer plus que ce qui est dû et ils ne seront pas efforcés sauf dans une bonne affaire. Ils doivent les garder sous l’aile de la miséricorde en les gardant loin de tout méfait, où qu’ils soient et où qu’ils habitent. Et si les Chrétiens habitent chez les Musulmans, ces derniers doivent les satisfaire et les permettre de prier dans leurs églises, et ne doivent pas gêner en aucune façon avec la pratique de leur religion. Et quiconque viole la Charte de Dieu et fait le contraire de celle-ci, est considéré comme un rebelle contre son alliance et contre son messager. En plus, les Musulmans doivent aider à la réparation des églises et lieux Chrétiens, qui resteront à la garde des Chrétiens à condition qu’ils maintiennent dans leur religion et qu’ils agissent selon la charte. Aucun d’entre eux ne sera contraint de porter les armes, puisque les Musulmans vont les protéger. Et personne ne violera cette charte pour tous les temps, jusqu’au Jour du Jugement et la fin du monde. (Cité. Zaydan 123-124)[2]

Il ressort clairement de ce document que la promesse revêt une dimension éternelle et universelle, en tout lieu et tout temps : Universelle, car il est bien précisé que les musulmans sont avec les chrétiens, proches ou éloignés, et donc que le Pacte ne se limite pas seulement au monastère de Sainte Catherine. Eternelle car en ordonnant aux musulmans de respecter cette charte jusqu’au jour du « Jugement dernier », il déjoue toute tentative future de révoquer ces droits désormais inaliénables. Toute désobéissance ou remise en question constituerait une violation de l’alliance avec Dieu.

Un autre aspect remarquable est qu’elle n’impose aucune condition ou contrepartie aux chrétiens en échange de ces droits, hormis bien entendu le fait de promettre fidélité aux musulmans, de ne pas se retourner contre eux et de leur prêter aide et assistance en temps de guerre.[3] Des conditions à minima que l’on retrouve dans les autres pactes de la même nature. Le seul fait d’être chrétien suffit ; il n’est pas exigé d’eux de modifier leurs croyances, de payer une contrepartie ni de se soumettre à aucune obligation. Bien qu’elle ne constitue pas une charte des droits de l’homme au sens moderne et des Lumières, elle fait preuve d’une grande modernité et n’en défend pas moins les droits à la propriété privée, à la liberté religieuse, à celle du travail ainsi que le droit à la sécurité.

Bien sûr l’authenticité absolue de ce pacte n’est pas exempte de controverses et fait encore l’objet de débats académiques et scientifiques; mais son historicité et son existence sont avérés, relayées sur des siècles par une multitude de sources tant musulmanes que chrétiennes, historiques, administratives et théologiques.[4] Elle est ainsi citée dans de nombreux documents, témoignages, traités et archives administratives musulmanes et chrétiennes.

Bien que la tradition islamique ait été transmise presque exclusivement par les musulmans, il s’agit là de l’un des rares cas dans lesquels une Sunna et un Hadith ont été transmis consécutivement par les musulmans et les chrétiens. Nonobstant le débat quand à son authenticité il est essentiel de souligner que ses clauses ont été respectées et appliquée par les dynasties successives qui ont présidé au destin de l’Islam.  Selon de nombreux documents historiques, les libertés accordées par le Prophète ont été honorés par les Califes bien-guidés Abou Bakr, Omar, Othman et Ali, ainsi que les Omeyyades, Abbassides, les Fatimides et les Ayyoubides et les Ottomans.[5]

En premier lieu, les principaux intéressés, les moines du monastère de Sainte-Catherine confirment de façon constante son authenticité depuis les premiers jours de l’Islam. D’ailleurs ils ont toujours bien vécu (au moins jusqu’au XIXe siècle) aux côtés des musulmans qui ne s’en sont jamais pris à eux ou au monastère.

Ensuite, les premières chroniques musulmanes mentionnent déjà ce pacte : Le « Pacte du prophète Mahomet avec les moines du mont Sinaï » est attesté par Muhammad ibn Saad al-Baghdadi (784-845), historien musulman et scribe de al-Waqidi (748-822), l’un des premiers historiens de l’Islam et biographe du Prophète, dans un document appelé Traité de Saint Catherine qui est cité dans son livre Kitab al-Tabaqat al-Kabir (Le Livre des cercles des compagnons). S’il est plus court que les copies existantes, il contient néanmoins, presque mot pour mot, toutes les principales dispositions. Si Ibn Saad a juste fourni un résumé des principaux points, Ismâ’îl Ibn Kathir (1301-1373), le célèbre exégète, savant de hadith, commentateur coranique, juriste et historien, décrit en détail les grandes lignes du document dans son Qasas al-Anbiya.

Outre les œuvres historiques, de nombreux firmans des autorités politiques contiennent des références directes au Achtiname. Tant les Fatimides (r. 901-1171) que les Ayyoubides (r. 1174-1249)  ont émis des décrets avec les moines du mont Sinaï qui se référaient à la sijillat al-nabawiyyah ou “prophétiques”[6]. A leur tour les Mamelouks (1250-1517) confirmeront le pacte à plusieurs reprises en 1259, 1260, 1272, 1268 / 69, 1280 et 1516 CE.

En 1517, les Ottomans l’introduiront  au Trésor royal pour le garder en lieu sûr[7] et les moines conserveront une copie certifiée qui servira de source aux autres copies dont l’authenticité était approuvée chaque année ou tous les deux ans à dater de l’année 1518 ou 1519. A partir de cette date des copies du Pacte du prophète feront l’objet d’une transmission continue et ininterrompue de son contenu.

Non seulement le Pacte du prophète a été reconnu et respecté par l’establishment politique et religieux mais il a été vérifiée de façon indépendante et sur une base régulière par les cinq écoles de jurisprudence islamique. De même, le Dr Morrow relate qu’au moins 2000 savants musulmans, du Xème siècle jusqu’au XIXème siècle ont émis des fatwas se basant sur ce traité pour instituer les normes islamiques sur les relations avec les autres communautés, principalement celles de confession chrétienne.

Le monastère de Sainte-Catherine possède ainsi près de 2 000 fatwas de savants musulmans appartenant à différents courants ou écoles juridiques (malékites, hanafites, ismaéliens, shaféites, hanbalites et autres) de 975 à 1888, reconnaissant implicitement et explicitement les droits octroyés par le Messager d’Allah aux chrétiens.

Le Ashtiname est aussi largement attesté, mentionné, cité, et entièrement traduit par de nombreux pèlerins occidentaux, des écrivains de voyage, des religieux et des chercheurs du XVIème siècle à nos jours.

Après être tombé dans l’oubli pour un temps il refait surface dans une œuvre de Feridun Ahmed Bey, célèbre pour ses ouvrages historiques, de 1583 connu sous le nom Majmû’a munsha’at al-Salatin et republiée au XIXème siècle en 1857 / 58. Cet ouvrage se compose d’une collection de lettres du/au Prophète, des califes et sultans, ainsi que des lettres des/ aux souverains de l’Europe et les traités qu’ils ont signés. Le tout compilé par le chef de la Chancellerie ottomane constitue un témoignage inestimable. Mais surtout, ce recueil contient une copie du Pacte du prophète Mahomet avec les moines du mont Sinaï tirée du Trésor du Topkapi. Le fait que cette copie provient des archives des califes et des sultans ne peut qu’en renforcer sa crédibilité et son authenticité notamment aux yeux des musulmans. Plus encore, l’original arabe cité par Feridun Bey est identique aux dizaines de copies du Pacte du Prophète trouvé à Saint Catherine et ailleurs.[8]

C’est à la fin du XIXème siècle que sera publiée la dernière copie officielle du Pacte du Prophète. C’est à cette période que, Naufal Effendi Naufal publiera une traduction turque du texte arabe et que le grand juriste musulman, Syed Ameer Ali (1849-1928) sera le premier chercheur à en exposer le contenu en anglais en 1819 dans son ouvrage intitulé L’Esprit de l’Islam.[9]

Quelques années plus tard Le « Pacte du Prophète avec les moines du mont Sinaï » paru dans la revue de L’Union Islamique / al-Ittihad al-Islami en 1898. L’article sera ressassé par la revue française Échos d’Orient dans un article intitulé « Décret de Mahomet Relatif aux Chrétiens »[10] qui fournit un résumé de la pièce originale parue dans L’Union Islamique. Il mentionne aussi que le décret original du Prophète était stocké dans la bibliothèque du Sultan et que si l’existence du Ashtiname avait été mentionné à quelques reprises en occident, son contenu précis n’avait jamais été révélé auparavant.

En termes de chaînes de transmission, le ‘Ahd, ahdname ou Ashtiname accordé aux moines du mont Sinaï semble être le plus fort de tous les Pactes du Prophète. Il a été transmis par les musulmans et non-musulmans pendant près d’un millénaire et demi. Du point de vue historique et de la science du Hadith, il atteint le plus haut degré de certitude que nous pouvons espérer d’un document datant du VIIème siècle.

Etant donné son illustre chaine de transmission, mais aussi son contenu qui est en accord avec les autres pactes prophétiques et prescriptions coraniques, il faudrait faire preuve de mauvaise foi, d’un manque flagrant d’objectivité et d’un parti pris pour le rejeter en bloc et le considérer comme étant un faux. De même à ceux qui s’évertuent à en limiter la portée aux seuls moines du Monastère de Sainte Catherine ou aux chrétiens égyptiens, et à en faire une exception valable seulement dans un temps déterminé, le contenu et l’historique du Pacte sont sans équivoques : à l’instar de celui de Najran, il est clairement stipulé que ses prescriptions s’appliquent à « tous les chrétiens pacifiques, ceux qui sont les amis et les alliés des musulmans, jusqu’à la fin des temps ».

Qui plus est, l’authenticité de l’Alliance du Sinaï pourrait conforter la crédibilité d’autres pactes existants dont la validité et de la chaîne de la transmission ne sont pas aussi bien établies.

Conclusion

Les partisans de Daesh entendent figer la cité musulmane dans un temps zéro et refusent toute lecture contextuelle du message prophétique. Leur projet théologico-politique défigure le visage de l’Islam, tant celui des origines que de la tradition, et vise par une sélection tendancieuse et une lecture partiale des versets coraniques et des références prophétiques, à lui donner un contenu terrifiant, inhumain, intolérant et violent. Ils insistent ainsi à outrance sur la dimension exclusivement guerrière du Djihad qui ne fut le plus souvent qu’occasionnelle et épisodique pour le prophète. Ils réfutent et marginalisent la diversité et la complexité des comportements du prophète et les nombreuses nuances du message coranique. Ils véhiculent l’image d’un Dieu tyrannique, au prise à la colère et assoiffé de vengeance et celle d’un prophète sanguinaire, chef de guerre sans compassion ni pitié.

Ils violent les commandements Divins, dont la sacralité de la vie humaine, et ignorent les injonctions coraniques ainsi que l’exemple du Prophète notamment dans ses relations avec les gens du Livre.

Comme le dit Mahmoud Hussein, « Daesh a mis en place une vision de l’Islam faite non pour convaincre mais pour terroriser, non pour gagner les esprits mais pour éveiller les instincts les plus primitifs et les plus meurtriers. Sa fidélité à la geste prophétique est une infidélité déguisée. Il propose une vérité défigurée du Coran et des Hadits ».[11]

Face à ce phénomène, et ses antécédents historiques, il était évident que les réponses sécuritaires et militaires seraient insuffisantes, de même que les mesures à caractère uniquement législatif ainsi que les effets d’annonce politique. Les réponses sont multiformes – économiques, sociales, juridiques et culturelles – mais pour les musulmans c’est surtout sur le champ doctrinal qu’il faut relever le défi frontal posé par Daesh, Al Qaida et tous les mouvements religieux, politiques ou militaires qui revendiquent et promeuvent une vision rigoriste de l’islam. Par delà la condamnation morale c’est sur le plan théologique que ce fera la délégitimation et la déconstruction du discours intégriste.

C’est sur ce terrain qu’ils doivent s’engager en priorité afin d’ouvrir le chantier de réformes qui devrait mener à l’aggiornamento indispensable à toute religion. Une tâche longue et ardue dont ils ne peuvent plus faire l’économie s’ils veulent mettre fin au holdup des islamistes sur les valeurs, les croyances et les convictions de milliers d’individus de culture musulmanes, pratiquants ou non, croyants ou athées.  Pour ce faire ils disposent de tous les instruments nécessaires et des arguments qu’ils peuvent puiser aux sources mêmes de la Révélation. C’est aussi l’occasion d’affirmer leur liberté de conscience et de s’émanciper d’une tradition figée par le poids du dogme et d’un postulat idéologique plaqué sur le Coran, longtemps après la disparition du Prophète, et qui en contredit l’esprit et souvent le texte. Pour ce faire, ils devront aussi, et c’est là le plus difficile, s’émanciper du mythe de l’imprescriptibilité d’un Coran qui serait incréé afin d’oser une lecture plus contextuelle et rouvrir la voie de l’Ijtihad.

On ne peut pas être contre Daesh et en même temps contre la nécessité d’une réforme. Le refus de Daesh, de ses actes et de ses préceptes, passe aussi par la condamnation de nombreux points de sa doctrine.  Aussi, le rejet du fondamentalisme implique l’adhésion à une vision plus libérale et moderne de l’Islam fondée sur une interprétation plus contextuelle, rationnelle et modérée. Une vision qui lui est endogène, qui a eu droit de citer et qui a existé de tout temps.

Annexe

Le pacte du Prophète avec les chrétiens de Najran

Au nom de Dieu clément et miséricordieux.

Cet écrit a été donné par Mohammad ben ‘Abd Allah ben ‘Abd el-Mottalib, Envoyé de Dieu auprès de tous les hommes, pour annoncer et avertir, et chargé du dépôt de Dieu parmi ses créatures, pour que les hommes n’aient aucun prétexte devant Dieu, après ses envoyés et sa manifestation, devant cet Être puissant et sage.

Au Seyyid Ibn Hareth ben Ka‘b, à ses coreligionnaires et à tous ceux qui professent la religion chrétienne, soit en Orient, soit en Occident, dans les contrées prochaines ou dans les contrées lointaines, arabes ou étrangères, connues ou inconnues.

Cet écrit qu’il leur a rédigé constitue un contrat impérieux, un diplôme authentique établi sur la charité et la justice, un pacte inviolable.

Quiconque observera cet édit, montrera son attachement à l’Islam, méritera les meilleurs bienfaits que l’Islam promet ; au contraire tout homme qui le détruira, qui violera le pacte qui y est contenu, qui l’altérera, et qui désobéira à mes commandements, violera le pacte de Dieu, transgressera son alliance, méprisera son traité et méritera sa malédiction, qu’il soit prince ou sujet.

Je m’engage à faire de la part de Dieu alliance et pacte avec eux et je les mets sous la sauvegarde de ses prophètes, de ses élus, de ses saints, les musulmans et les Croyants, les premiers aussi bien que les derniers. C’est cela mon alliance et mon pacte avec eux.

Je proclame de nouveau les obligations que Dieu imposa aux enfants d’Israël de lui obéir, de suivre sa loi et de respecter son alliance divine, en déclarant protéger par mes cavaliers, mes fantassins, mes armées, mes ressources et mes partisans musulmans, les chrétiens jusqu’aux plus éloignés, qui habitent dans les pays frontières de mon empire, dans quelque région que ce soit, lointaine ou voisine, en temps de paix ou en temps de guerre.

Je m’engage à les appuyer, à prendre sous ma protection leurs personnes, leurs églises, leurs chapelles, leurs oratoires, les établissements de leurs moines et les demeures de leurs anachorètes partout où ils seront, soit dans la montagne, ou dans la vallée, ou dans les grottes, ou dans le pays habité, dans la plaine, ou dans le désert.

Et je protégerai leur religion et leur Eglise, partout où ils se trouvent, soit sur la terre, soit sur la mer, soit en Orient, soit en Occident, avec toute la vigilance possible de ma part, de la part des gens de mon entourage, et des musulmans.

Je les prends sous ma protection. Je fais pacte avec eux, m’engageant à les préserver de tout mal et de tout dommage, à les exempter de toute réquisition et de toute obligation onéreuse, et à les protéger par moi-même, par mes auxiliaires, mes suivants et ma nation contre tout ennemi, qui m’en voudrait à moi, et à eux.

Ayant l’autorité sur eux, je dois les gouverner, les préservant de toua dommage et ne laissant pas leur arriver quelque mal qu’il ne m’ait atteint aussi, avec mes compagnons, qui défendent avec moi la cause de l’Islam.

Je défends aux conquérants de la foi de leur être à charge, lors de leurs invasions, ou de les contraindre à payer des impôts, à moins qu’ils n’y consentent : que jamais les chrétiens ne subissent tyrannie et l’oppression à ce sujet.

Il n’est pas permis de faire quitter à un évêque son siège épiscopal, ni à un moine sa vie monastique, ni à un anachorète sa vocation érémitique ; ni de détruire quelque partie de leurs églises, ni de faire entrer quelques parties de leurs bâtiments dans la construction des mosquées, ou dans celle des maisons des musulmans. Quiconque fera cela, violera le pacte de Dieu, désobéira à son Apôtre et s’éloignera de l’alliance divine.

Il n’est pas permis non plus d’imposer une capitation ni une taxe quelconque aux moines et aux évêques, ni à ceux qui, par dévotion, se vêtent de laine ou habitent solitairement dans les montagnes ou en d’autres endroits isolés de l’habitation des hommes.

Qu’on se borne à quatre dirhams qu’on demandera chaque année à chacun des autres chrétiens, qui ne sera ni religieux, ni moine, ni ermite : ou bien qu’on exige de lui un vêtement en étoffe rayée ou un voile de turban brodé du Yémen, et cela pour aider les musulmans et pour contribuer à l’augmentation du trésor public : s’il ne lui est pas facile de donner un vêtement, on lui en demandera le prix. Mais que ce prix ne soit détermine que de leur consentement.

Que la capitation des chrétiens qui ont des revenus, qui possèdent des terres, qui font un commerce important sur mer et sur terre, qui exploitent les mines de pierres précieuses, d’or et d’argent, qui ont beaucoup de fortune et de biens, ne dépasse pas, pour l’ensemble, douze dirhams par an, pourvu qu’ils habitent ces pays et qu’ils y soient établis.

Qu’on n’exige rien de semblable des voyageurs, qui ne sont pas des habitants du pays, ni des passants dont le domicile n’est pas connu.

Pas d’impôt foncier avec capitation, si ce n’est à ceux qui possèdent des terres, comme tous les occupants d’héritages sur lesquels le sultan exerce un droit : ils paieront des impôts dans la mesure ou les autres les payent, sans toutefois que les charges excédent injustement la mesure de leurs moyens, et les forces que les propriétaires dépensent à cultiver ces terres, à les rendre fertiles, et à en tirer les récoltes : qu’ils ne soient pas abusivement taxes, mais qu’ils payent dans la mesure imposée aux autres tributaires leurs pareils.

Les hommes de notre alliance ne seront pas tenus de sortir avec les musulmans pour combattre leurs ennemis, les attaquer et en venir aux mains. En effet, ceux de l’alliance n’entreprendront pas la guerre. C’est précisément pour les en déchargé que ce pacte leur a été accordé, et aussi pour leur assurer aide et protection de la part des musulmans. Et même qu’aucun chrétien ne soit contraint de pourvoir à l’équipement d’un seul musulman, en argent, en armes ou en chevaux, en vue d’une guerre ou les Croyants attaquent un ennemi, a mois qu’il n’y contribue de son gré. Celui qui aura bien voulu faire ainsi, et contribuer spontanément, sera l’objet de la louange et de la gratitude, et il lui en sera tenu compte.

Aucun chrétien ne sera fait musulman par force : Ne discutez que de la maniera la plus honnête [29 :46]. Il faut les couvrir de l’aile de la miséricorde, et repousser tout malheur qui pourrait les atteindre partout où ils se trouvent, dans quelque pays qu’ils soient.

Si l’un des chrétiens venait à commettre un crime ou un délit, il faudrait que les musulmans lui fournissent l’aide, la défense, la protection ; ils devront excuser son délit et amener sa victime à se réconcilier avec lui, en l’engageant à lui pardonner ou à recevoir une rançon.

Les musulmans ne doivent pas abandonner les chrétiens et les laisser sans secours et sans appui, parce que j’ai fait ce pacte avec eux de la part de Dieu pour que ce qui arrive d’heureux aux musulmans leur arrivât aussi, et qu’ils subissent aussi ce que subiraient les musulmans, et que les musulmans subissent ce qu’ils subiraient eux-mêmes, et cela en vertu du pacte par lequel ils ont eu des droits inviolables de jouir de notre protection, et d’être défendus contre tout mal portant atteinte à leurs garanties, de sorte qu’ils soient associés aux musulmans dans la bonne et dans la mauvaise fortune.

Il ne faut pas que les chrétiens aient à souffrir, par abus, au sujet des mariages, ce qu’ils ne voudraient pas. Les musulmans ne devront pas prendre en mariage les filles chrétiennes contre la volonté des parents de celles-ci, ni opprimer leurs familles, si elles venaient à leur refuser les fiançailles et le mariage ; car de tels mariages ne devront pas se faire sans leur agrément et leur désire, et sans qu’ils les aient approuvés et y aient consenti.

Si un musulman a pris pour femme une chrétienne, il est tenu de respecter sa croyance chrétienne. Il la laissera libre d’écouter ses supérieurs comme elle l’entendra, et de suivre la route qui lui indique sa religion. Quiconque malgré cet ordre, contraindra son épouse à agir contre sa religion en quelque point que ce soit, enfreindra l’alliance de Dieu et entrera en rébellion contre le pacte de son Apôtre, et Dieu le comptera parmi les imposteurs.

Si les chrétiens viennent à avoir besoin de secours et de l’appui des musulmans pour réparer leurs églises et leurs couvents, ou bien pour arranger leurs affaires et les choses de leur religion, ceux-ci devront les aider et les soutenir. Mais ils ne doivent pas faire cela dans le but d’en recevoir rétribution, mais par aide charitable pour restaurer cette religion, par fidélité au pacte de l’envoyé de Dieu, par pure donation, et comme acte méritoire devant Dieu et son apôtre.

Les musulmans ne pourront pas dans la guerre entre eux et leurs ennemis se servir de quelqu’un des chrétiens pour l’envoyer comme messager, ou éclaireur, ou guide, ou espion, ou bien l’employer a d’autre besognes de guerre. Quiconque fera cela a l’un d’eux, lésera les droits de Dieu, sera rebelle a son Apôtre, et se mettra en dehors de son alliance. Et rien n’est permis à un musulman (vis-à-vis les chrétiens) en dehors de l’obéissance a ces prescriptions que Mohammed ben ‘Abdi Allah, apôtre de Dieu, a édictées en faveur de la religion des chrétiens.

Je leur fais aussi des conditions et j’exige d’eux la promesse de les accomplir et d’y satisfaire comme le leur ordonne leur religion. Entre autres choses, qu’aucun d’eux ne soit éclaireur ou espion, ni secrètement ni ouvertement, au profit d’un ennemi de guerre, contre un musulman. Que personne d’entre eux ne loge les ennemis des musulmans dans sa maison, d’où ils pourraient attendre l’occasion de s’élancer à l’attaque. Que ces ennemis ne fassent point halte dans leurs régions, ni dans leurs villages ni dans leurs oratoires, ni dans quelque lieu appartenant à leurs coreligionnaires. Qu’ils ne prêtent point appui aux ennemis de guerre contre les musulmans, en leur fournissant des armes, ou des chevaux ou des hommes ou quoi que ce soit, ou en leur donnant de bons traitements. Ils doivent héberger trois jours et trois nuits ceux des musulmans qui font halte chez eux, avec leurs bêtes, et leur offrir partout où ils se trouvent et partout où ils vont la même nourriture dont ils vivent eux-mêmes, sans toutefois être obliges de supporter d’autres charges gênantes et onéreuses.

S’il arrive qu’un musulman ait besoin de se cacher dans leurs demeures, ou dans leurs oratoires, ils doivent lui donner l’hospitalité, lui prête appui, et lui fournir de leur nourriture tout le temps qu’il sera chez eux, s’efforçant de le tenir cache, de ne point permettre à l’ennemi de le découvrir, et pourvoyant a tous ses besoins.

Quiconque transgressera une des ordonnances de cet édit, ou l’altérera, se mettra en dehors de l’alliance de Dieu et de son Envoyé.

Que chacun observe les traités et les alliances qui ont été contractés avec les moines, et que j’ai contractée moi-même, et tout engagement que chaque prophète a contracte avec sa nation, pour leur assurer la sauvegarde et la fidèle protection, et pour leur servir de garantie.

Jusqu’à l’heure de la Résurrection cela ne doit être ni viole ni altère, s’il plait Dieu.


[1] Le traité d’Houdaybiya est un pacte signé en 628 entre Muhammad et les autorités mecquoises qui devaient permettre au Prophète et à ses fidèles de se rendre en pèlerinage à La Mecque pendant trois jours l’année suivante. Il prévoyait également une période de paix de dix ans entre les deux parties. Mais les Mecquois brisèrent le traité l’année suivante et en janvier 630 Muhammad décide de conquérir la ville .

[2] Zaydan, Jurji. Omeyyades et Abbassides : Être la quatrième partie de l’histoire de Jorge Zaydan de la civilisation islamique. Trans. DS Margoliouth. Leyden: EJ Brill; London: Luzac & Co., 1907.

Il existe une autre version plus étendue de cet acte (qui serait daté du 8 Octobre 625) retranscrite par J.G. Pitzipios-Bey dans L’Orient, les réformes de l’Empire byzantin, E.Dentu, Paris, 1858.

Cette transcription est tirée de la traduction française par Pierre Briot (Histoire juridique de l’empire mahométan publié en 1670) de l’Histoire de l’état présent de l’Empire ottoman du Chevalier Paul Rycault paru en Anglais et publié en 1668. . A noter que l’ouvrage en question date le Pacte au 8 Octobre 625 soit la quatrième année de l’Hégire.

[3] Ainsi dans la transcription de Pitzpios-Bey,le Prophète engage en conscience les chrétiens à respecter les conditions suivantes :

1 – « Qu’aucun chrétien n’entretienne un soldat ennemi des musulmans ; qu’il ne donne aucune retraite à un ennemi des musulmans, et qu’il ne souffre point qu’il fasse séjour dans leurs maisons, dans leurs églises ou dans leurs couvents de religieux ; qu’il ne fournisse point sous main le camp de leurs ennemis, d’hommes, d’armes et de chevaux, et n’ait aucune correspondance ou engagement avec eux… »

2- « Qu’ils fournissent pendant trois jours à chaque musulman les choses nécessaires pour sa subsistance et pour celle de ses bêtes, et cela honnêtement et en différentes sortes de viandes ; qu’ils fassent aussi tout pour les défendre si on les attaque et pour les garder de tous accidents fâcheux. C’est pourquoi si quelques musulmans souhaitent de se cacher dans quelques-unes de leurs maisons, ils le cacheront de bon cœur, et le tireront du péril où il se trouvera sans le découvrir de son ennemi. »

3- Si les chrétiens gardent la foi de leur côté, ceux qui violeront ces conditions, quels qu’ils puissent être, et feront quelque chose de contraire, seront privés des avantages contenus dans l’alliance de Dieu et de son messager, et seront indignes de jouir des privilèges accordés aux évêques et aux moines chrétiens, de même que les croyants seront privés des avantages contenus dans le Coran. »

[4] Sur la question de l’authenticité de ce Pacte et la réfutation des allégations de faux, voir la longue étude historique qui lui a été consacrée par le Dr John Andrew Morrow dans son ouvrage publié en 2013, « The Covenants of the Prophet Muhammad with the Christians of the World. Kettering ».

[5] C.f, Andrew Morrow, op.cit.

[6] Des décrets datant de 965, 1109, 1110, 1134, 1135, 1154 et 1156 CE. Le calife fatimide al-Hafiz ordonna à ses gouverneurs de respecter le Pacte Sinaï en 1134 CE. Les Ayyoubides ont renouvelé l’alliance avec les moines du Sinaï en 1195, 1199, 1201 / 02 et 1210 / 11 CE.

[7] Avant 1517, le décret prophétique d’origine était conservé au monastère de Sainte-Catherine. En 1517 un Firman de Selim I confirme qu’il a pris connaissance du pacte, l’a présenté à un comité de chercheur qui l’ont trouvé conforme et digne de foi et qu’il l’a remplacé par une copie conforme certifiée.

[8] John Morrow, op.cit.

[9] Ce dernier place l’alliance du Sinaï après le conflit de Mahomet avec les Juifs, à savoir autour du traité de Hudaybiyyah, ce qui est cohérent avec la datation d’Ibn Kathir.  Et surtout il affirme que « son document remarquable a été fidèlement conservés par les annalistes de l’Islam”.

[10] Décret de Mahomet relatif aux chrétiens, Echos d’Orient, Vol 1, Numéro 6, p.p 170-171, année 1898.

[11] Mahmoud Hussein, les musulmans aux défis de Daesh, Gallimard, 2016.

Analyste, chercheur, consultant et journaliste politique basé entre Genève et Beyrouth. Auteur d’études, de rapports, d’articles de presse et pour revues spécialisées, d’éditoriaux, de chroniques. D.E.A en Science politique et relations internationales – Université de Genève. Domaines de spécialisation : Les rapports entre la culture, la religion, identité et la politique – Les minorités religieuses, culturelles, ethniques du monde arabe – Les relations islamo-chrétiennes – le christianisme dans le monde arabe – Laïcité, communautarisme et multiculturalisme – Le Vatican – Le système politique libanais, les institutions et la démocratie – De nombreuses problématiques liées au Moyen Orient (Liban, Syrie, conflit israélo-arabe).

Of Ignorance Compound: The Comments of Rebecca Masterton on the Covenants of the Prophet

By Hanan al-Harbi

On May 31, 2017, an article was published by Turkish-American journalist Melek Kaylan in Forbes Magazine. Titled “The Hidden Documents of Islam that can Help Defang Islamic Terror,” the piece marks the moment that the Covenants of the Prophet pierced the major, mainstream, media. Even though the documents in question have been consecutively transmitted by Jewish, Samaritan, Christian, Muslim, and Zoroastrian sources from the 7thcentury to the 21st century, and that they were attested and authenticated by hundreds of scholars, they lingered in the background, hidden in plain sight, like the Sun behind the clouds, waiting to spread their socio-political and spiritual rays as a precursor to the return of the Prophet Jesus and Imam Mahdi.

Rather than rejoice that a positive image of Islam was being presented to a worldwide audience, Rebecca Masterton, a British Shiite Muslim convert, proclaimed in pontifical fashion that the Covenants of the Prophet were believed to be 12th century forgeries. Like the fleeting whisperer, she shed doubts on the documents, without providing any proof to support her baseless contentions. If the Covenants of the Prophet were authentic, argued Masterton, then provide carbon-dating evidence that they date back to the 7th century. Such ill-intended ignorance is staggering.

Dr. Masterton affirms that the Covenants of the Prophet are 12th century forgeries. The original copy of the Covenant of Najran was found in the House of Wisdom in the 9th century. How, then, can this document be a 12th century forgery? The Covenant with St. Catherine’s Monastery was described in detail in the firmans of the Fatimid Caliphs dating as far back as the 10th century. How, then, can this document be a 12th century forgery?

Masterton also ignores that the existence of the original was confirmed by Sultan Selim and subsequent Ottoman authorities. The original, issued by the Prophet and handwritten by Imam ‘Ali, was also viewed in the Ottoman Treasury by Muslim and non-Muslim scholars from the 16th century until the early 20th century.

As can be evidenced by her comments, Masterton is obviously oblivious to the fact that other Covenants of the Prophet survive to this day in Syria, Palestine, Turkey, Iran, and India. These documents have been examined by experts who concluded that they date back to the 7th century. Whether these are originals or first hand copies of originals is subject to debate and has yet to be definitively determined. They are, nonetheless, some of the earliest documents in the history of Islam.

To suggest that the Covenants of the Prophet are forgeries unless they are confirmed to be carbon-dated to the 7th century is both ignorant and ill-intended. Rather than demand the results of scientific-dating methods, why doesn’t Dr. Masterton bring forth the original 7thcentury copy of the Qur’an that was revealed to the Prophet and written down by his scribes?

If she were a Sunni, she could be called upon to provide original 7th century copies of the prophetic sayings found in Bukhari, Muslim, Tirmidhi, Abu Dawud, Ahmad, Nasa’i, Ibn Majah, and Malik. Problem is, they date from the 8th, 9th, and 10th centuries.

Since she is a Shiite, perhaps she can provide the original sources of the traditions found in Nahj al-Balaghah, which was only compiled in the 10th century. While she is at it, where are the original sources used by Kulayni, Ibn Babawayh, and al-Tusi in works that were compiled in the 10th and 11th century? Where is the original, carbon-dated, copy of the Sahifah al-Sajjadiyyah by Imam ‘Ali Zayn al-‘Abidin? Or does she accept Majlisi’s Bihar al-Anwar as authentic? The work in question was completed in the 17th century, in 1698, a full 1066 years after the passing of the Prophet.

Rebecca Masterton readily accepts copies of copies of copies of copies of copies of copies of copies that were transmitted orally from narrator to narrator to narrator to narrator to narrator to narrator to narrator to narrator to narrator to narrator as authentic; however, she rejects primary documents as well as first, second, and third copies of primary documents as dubious forgeries.

Rebecca Masterton prefers to swim in the swamp of lies produced a millennium after the passing of the Prophet rather than accept copies of manuscripts that were dictated directly by the Messenger of Allah, handwritten by Imam ‘Ali and Mu‘awiyyah, and witnessed by dozens of Companions of the Prophet. People like Masterton live in the world of an imaginary Islam, accepting legends and myths as authentic, while rejecting the most significant of historical documents.

If Masterton believes that the Covenants of the Prophet are forgeries merely because some of the surviving copies supposedly date to the 12th century, and if she believes that every source is false unless we have original carbon-dated copies, she is completely and utterly ignorant of the Islamic textual tradition. After all, as the aphorism goes, “Absence of evidence is not evidence of absence.”

Considering the comments that Dr. Rebecca Masterton has made regarding the Covenants of the Prophet, her qualifications to comment on the subject of Arabic historiography can, and should, be called into question. In fact, at the 2015 Muslim Congress, she admitted to Dr. Morrow that “I am not an ‘alimah. I do not consider myself a scholar of Islam.” I could not agree with her more. However, who am I to judge? I defer the ultimate decision to Muhammad, the Messenger of Allah, who clearly stated in the Covenant of Najran:

He who breaks it, opposes it or changes it, will carry his crime on his head for he will have betrayed the Covenant of Allah, broken his faith, resisted His Authority and contravened the will of His Messenger: he will thus be an imposter in the eyes of Allah. For protection is obligatory in Allah’s religion and the Covenant is confirmed. He who does not abide by this Covenant will have violated his sacred obligations, and he who violates his sacred obligations is unfaithful and will be rejected by Allah and by all sincere Believers. (Morrow, John Andrew. The Covenants of the Prophet Muhammad with the Christians of the World. Tacoma, WA: Angelico Press and Sophia Perennis, 2013: 293)

Hanan al-Harbi is a Danish-Syrian journalist who is deeply devoted to Classical Islam. She is a graduate of the University of Iceland, in Reykjavík, where she studied Political Science. She spends her summers in Greenland where she finds solace in the island’s solitude and breathtaking beauty. She is a contributor to Veterans Today, Katehon, and The Muslim Post, among other publications.  

The Growing Movement to Inform the World of Prophet Muhammad’s Covenants With Christians

The Growing Movement to Inform the World of Prophet Muhammad’s Covenants With Christians

Forbes just published an article by Melik Kaylan which caught my attention and the attention of some of my colleagues. Kaylan refers to The Covenants Initiative, a body of scholars in the West which is spearheading a movement to promote Prophet Muhammad’s Covenants with the Christians of his time. These Covenants have been well documented by scholars, primarily by John Andrew Morrow, who brought them to life back in 2013 with his groundbreaking book.

As Kaylan mentions in his piece, successive Caliphs renewed the Covenants, which can be read here, because they provided explicit declarations of tolerance or, as some have theorized it – religious pluralism.

According to Kaylan, the Covenants demonstrate “incontrovertibly that the basic Wahhabist or Salafist notion of indiscriminate jihad amounts to heresy.” He proceeds:

… in the context of ISIS specifically, which purports to be a Caliphate founded on strict adherence to originalist tenets – [the Covenants are] a bombshell. With Mohammad’s own imprint on them they represent the strictest orthodoxy. There’s nothing mysterious about why people, and governments, forgot about the Covenants in the largely secular twentieth century… As sharia makes a widespread comeback in the Islamic world, the message of the Covenants becomes acutely germaine.

In his interview with Morrow, Kaylan asked several pertinent questions to which Morrow responded with clarity and courage. Morrow states in the writeup: “There’s a lot of money spreading dangerously partial knowledge [of Islam]. Our aim is to turn a scholarly pursuit into a movement to raise awareness worldwide among Muslims and non-Muslims alike.”

The Covenants Initiative, Morrow explains, has dozens of contributors and academics in many countries that are translating the Covenants into many languages. “It’s a pretty young endeavor but we’re gaining ground,” Morrow adds.

Kaylan ends his review of the Covenants Initiative by stating the following: “It’s really astonishing, not to say egregious, that we in the West are not mobilizing this resource with so much at stake. What have we got to lose?”

Indeed, what have we got to lose?